Sí, las gambas importan
Un alegato a favor de estos pequeños crustáceos que, de Navidad a la paella del verano, nunca faltan en las mesas de medio mundo

Dejé el mundo del capital riesgo para dedicarme al bienestar de las gambas. Cuando lo cuento, casi siempre provoca la misma reacción: incredulidad. Muchos asumen que he perdido el juicio. Lo entiendo; yo mismo pasé por ahí. La primera vez que leí la propuesta de la ONG Charity Entrepreneurship para crear una organización benéfica centrada en estos crustáceos pensé exactamente lo mismo: «Se han vuelto locos. ¿A quién le importan las gambas?».
Pasar de analizar operaciones inmobiliarias a defender a uno de los animales más pequeños de nuestra cadena alimentaria parece, como poco, contraintuitivo. Pero fue el mismo instinto que me permitió transformar edificios de oficinas abandonados en hoteles de lujo el que me ayudó a detectar una oportunidad enorme que casi todo el mundo estaba pasando por alto, incluidos muchos expertos en bienestar animal.
Sigo dedicando mis días a analizar rendimientos –aunque ahora se midan en sufrimiento evitado–. Continúo buscando oportunidades de beneficio mutuo con actores de la industria. Y, quizá lo más importante, mantengo la convicción de que ganar la confianza de quien está al otro lado de la mesa sigue siendo el activo decisivo.
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