«Exhibición en la sombra»: cómo los cines rusos burlan el veto de Hollywood

Aunque los grandes estudios estadounidenses abandonaron Rusia después de 2022, sus títulos no han desaparecido de las pantallas

«Exhibición en la sombra»: cómo los cines rusos burlan el veto de Hollywood
Jóvenes moscovitas acuden a ver la última película de Cédric Klapisch. El cine francés es una de las pocas ventanas culturales a Occidente que les quedan a los rusos. Foto: Olesya Kurpyayeva | AFP
Courrier International, Francia
Étienne Bouche

Uno de los grandes éxitos oficiales de la taquilla rusa de los últimos años es un cortometraje de tres minutos sobre un taller de artistas de la región de Tver, ironiza el medio Verstka. Porque detrás de los 800 millones de rublos –unos 8 millones de euros– recaudados desde 2024 se encuentran, en realidad, grandes producciones de Hollywood, explica este medio ruso independiente en el exilio.

En 2022, en respuesta a la invasión de Ucrania por Moscú, cinco grandes estudios estadounidenses decidieron retirarse del mercado ruso: Disney, Warner Bros., Sony, Universal y Paramount, que hasta entonces representaban, en conjunto, el 80% del sector. Para compensar esa pérdida, en los últimos cuatro años ha surgido toda una industria de la «exhibición en la sombra», detalla el diario en una extensa investigación publicada a principios de octubre.

El medio de San Petersburgo Fontanka resume así la práctica: «El espectador compra una entrada para una película rusa autorizada –casi siempre un cortometraje con permiso de exhibición– y, antes de proyectarla, el cine ofrece gratis un estreno extranjero presentado como “material promocional” o “producto cinematográfico”». El resultado: «El dinero que los espectadores rusos han gastado en Avatar, La Odisea o Spider-Man acaba contabilizado en la recaudación de cortometrajes de los que la mayoría del público ni siquiera ha oído hablar», señala Verstka.

La maniobra resulta aún más burda porque las salas ni siquiera ocultan su verdadera cartelera, que puede consultarse en sitios especializados como Afisha. En su artículo, el digital publica la fotografía de un cartel pirata de Spider-Man: Brand New Day tomada frente a un cine de Vorónezh.

El negocio de las películas fantasma

Este mercado mueve miles de millones de rublos, sostiene el medio, y alimenta una polémica de la que se hace eco el diario Kommersant. En un foro cultural celebrado a finales de septiembre en San Petersburgo, varios productores rusos expresaron su descontento. Gavriil Gordéyev, de la empresa Okko, destacó «el dinero, el tiempo y los recursos administrativos» que exige el estreno de las películas rusas, que «acaban compitiendo con contenidos que los exhibidores consiguen con mucha más facilidad». Esas copias suelen proceder de Armenia o de países de Asia Central, donde tradicionalmente las películas se doblan al ruso, precisa Verstka.

Sin embargo, estas proyecciones clandestinas podrían desaparecer pronto. Así lo dio a entender el mes pasado Alexéi Voronkov, presidente de la Asociación de Gerentes de Cines, citado por la agencia NSN. La agencia también recoge las declaraciones de Yelena Drapeko, vicepresidenta de la Comisión de Asuntos Culturales de la Duma, quien ha pedido que se ponga fin a esta práctica ilegal. Pero en Rusia esa posibilidad no convence a todos: «¿Por qué cortar la rama en la que estamos sentados?», se pregunta en Gazeta.ru el crítico David Shnéiderov, que subraya la importancia de esos ingresos para un sector muy debilitado.

Una nostalgia compartida

Esta exhibición en la sombra constituye «un caso jurídico asombroso», observa Verstka. «Cada sesión de este tipo vulnera alrededor de diez leyes rusas, además de una o dos normas internacionales», asegura al medio un programador cinematográfico. Según explica, los exhibidores asumen ese riesgo porque, de lo contrario, sus negocios no podrían sobrevivir. La recaudación –extraoficial– de Spider-Man: Brand New Day, uno de los grandes éxitos del año en Rusia, ya ha superado los 3.200 millones de rublos –unos 35 millones de euros–.

«Antes de 2022, Rusia se encontraba en el epicentro de la industria cinematográfica mundial. Para las estrellas de Hollywood, Moscú era una parada obligatoria en sus giras promocionales», escribe el periódico independiente Nóvaya Gazeta. Y poco importa que el Estado, en un contexto de confrontación con Occidente, trate de volver a poner de moda a personajes del folclore nacional: el público sigue decantándose por las superproducciones estadounidenses.

«No se trata solo de vivir la aventura hollywoodiense: ir juntos al cine, compartir emociones y palomitas crujientes», analiza el periódico, que considera «sumamente importante» la «comunión social» que genera ver una película.

«El espectador ruso no está dispuesto a quedarse rezagado en las conversaciones que una película suscita en todo el mundo. Quiere ver el cine al mismo tiempo que los demás países, como antes, y comentar lo que ha visto con una amplia comunidad de cinéfilos a través de distintos canales de comunicación».

Este otoño, el reestreno de Crepúsculo en las salas rusas está despertando un gran entusiasmo, señala, por su parte, Nóvaya Gazeta Europe. Más allá de la nostalgia que inspira esta saga adolescente de éxito mundial, la crítica Katia Stepnáya cree que, a través de ella, los espectadores rusos evocan una época despreocupada, sin censura ni mojigatería.

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