Francia tiene a su Rupert Murdoch
El magnate ultraconservador ha ido expandiendo su imperio mediático, con el que moldea de forma decisiva el debate público
Incluso en un país que ha convertido los manifiestos públicos en un pasatiempo nacional, esta carta sobresale entre todas las demás. No todos los días coinciden en una misma lista de firmantes aliados tan improbables como Virginie Despentes –la autora feminista punk de Teoría King Kong, la saga Vernon Subutex y, más recientemente, Querido capullo– y Bernard-Henri Lévy, el veterano de Saint-Germain-des-Prés, o de lo que queda del célebre distrito literario. Ambos figuran entre los más de 130 escritores que el 16 de abril anunciaron su ruptura con Grasset, una editorial con 119 años de historia, célebre por sus sobrias cubiertas amarillas y por un catálogo que reúne tanto clásicos de la literatura como algunos de los títulos contemporáneos más prestigiosos.
Su marcha colectiva provocó un auténtico terremoto en el mundo literario y editorial francés, cada vez más sometido a la influencia del magnate ultraconservador de los medios Vincent Bolloré, propietario del gigantesco grupo Hachette, del que Grasset es una de sus editoriales más emblemáticas. «No queremos que nuestras ideas ni nuestro trabajo se conviertan en su propiedad», afirmaba el comunicado de los escritores. «Hoy compartimos una misma convicción: nos negamos a ser rehenes de una guerra ideológica que pretende imponer el autoritarismo en toda la cultura y los medios de comunicación». A finales de abril, la lista de firmantes ya superaba los doscientos.
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