Ser la hermana de Foster Wallace

Amy Wallace lleva 20 años defendiendo a su hermano, un hombre alegre, absurdo y fraternal, frente al mito del escritor torturado

Ser la hermana de Foster Wallace
Retrato del escritor David Foster Wallace en junio de 2006, dos años antes de morir por suicidio en su casa de Claremont, California. Foto: Bridgeman Images | AFP
The Small Bow, Estados Unidos
Lindsey Adler

Los sábados a primera hora de la mañana, su hermano mayor, David Foster Wallace, sacaba de un tirón a Amy Wallace de la cama. Estaba decidido a no perderse el comienzo de los dibujos animados.

En su casa de Urbana, Illinois, los hermanos se sentaban frente al televisor y esperaban a que la carta de ajuste diera paso a El show del Correcaminos. David se mostraba ansioso, impaciente, lleno de energía. Por lo general, él se estiraba en la alfombra y Amy se sentaba detrás, en el sofá. Más de 50 años después, Amy todavía recuerda físicamente aquel sofá: verde guisante y áspero; pero ella se sentaba allí obediente –y de buena gana– como parte de su ritual de hermanos.

Su madre, Sally Foster, describía la escena de esta manera: Amy se pasaba las mañanas viendo a David ver la tele. Aunque no era exactamente así. «Ver la televisión con David era una experiencia interactiva», dice Amy. Los dos niños no se conformaban con lo que se les ofrecía. A menudo improvisaban nuevos diálogos para los personajes. «Ese era uno de nuestros pasatiempos», cuenta Amy. «Simplemente pensábamos: “Sea quien sea quien está escribiendo esto, podría hacerlo muchísimo más interesante”».

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