El Mundial de los mil Messis

El Mundial de los mil Messis

¿Qué ocurre cuando un mito juega su última Copa del Mundo? Lo descubrí entre un océano de Messis

The New York Times Magazine, Estados Unidos
Sam Anderson

¿Quién es el mejor jugador del Mundial de 2026? ¿Lamine Yamal, el adorable adolescente español cuyos brackets brillan cuando sonríe? ¿Kylian Mbappé, el Bugatti supervitaminado de Francia? ¿Vinícius Júnior, el mago imprescindible del espectáculo brasileño? ¿O quizá Erling Haaland, el gigantesco semidiós noruego que habita el interior de un volcán embrujado y celebra sus goles tragándose enteros a los rivales para luego escupir sus huesos y deletrear insultos en runas vikingas? Posiblemente esto último sea una pesadilla que tuve al desmayarme durante una pausa de hidratación obligatoria, pero tampoco es descartable que hubiera ocurrido de verdad.

La respuesta verdadera es tan obvia como sorprendente: Lionel Messi. Por un lado, es como afirmar que la estrella más importante del sistema solar es el Sol. Messi lleva ya veinte años reinando en el fútbol mundial, como si fuese una especie de dictador tímido y benévolo. Y, sin embargo, hay un detalle desconcertante: Messi ya es viejísimo. Para los estándares del fútbol, está prácticamente a las puertas del asilo. La semana pasada, entre dos victorias de Argentina, celebró su 39º cumpleaños –Lamine Yamal acaba de cumplir los 19–. A lo largo de la extensísima era de Messi, hemos visto a muchísimos jugadores gloriosos alcanzar su apogeo y marchitarse: Neymar, Gareth Bale, Kevin De Bruyne, Luka Modrić y varios Ronaldos, incluido el eterno contrapunto de Messi, Cristiano. De algún modo, Messi resiste. Su carrera, igual que sus pies, parece obedecer a un compás distinto del que marca el tiempo para todo lo demás sobre la Tierra.

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