En la cuna del liberalismo, todos quieren aranceles
Un debate en el aula universitaria de Oxford evidencia hasta qué punto ha cambiado el consenso económico

En una clase reciente de economía en Oxford, mi profesor lanzó una pregunta que parecía sencilla: «¿A alguien se le ocurre algún beneficio de los aranceles?». No leo la mente, pero la pregunta parecía diseñada para responderse de forma breve: una rápida constatación de que los aranceles existen –quizá como una extravagancia trumpiana– antes de volver al terreno familiar de la ortodoxia del libre comercio. Pero eso no fue lo que ocurrió. En su lugar, la discusión se prolongó durante diez minutos en un giro inesperado que sorprendió a todos los presentes, incluido el profesor.
En la pizarra, la conversación quedó organizada en dos columnas: argumentos a favor de los aranceles y argumentos en contra. Lo inesperado no fue que los estudiantes supieran señalar sus inconvenientes –bien conocidos–, sino que la columna favorable no dejaba de crecer, poblada por argumentos reflexivos, variados y profundamente fundamentados en la experiencia política. El contexto es relevante: el Máster en Políticas Públicas de Oxford reúne a 141 estudiantes procedentes de 63 países: funcionarios, asesores políticos, profesionales de ONG y del sector privado. No son proteccionistas ideológicos ni nacionalistas económicos por formación o por temperamento.
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