En Ucrania, el frente ya está en todas partes
La nueva generación de drones y misiles rusos golpea cada vez más adentro y amenaza con asfixiar las ciudades del país
La vida en Kiev ha vuelto a verse profunda y violentamente alterada. El aullido de las sirenas y los estridentes avisos de las aplicaciones móviles que alertan de bombardeos inminentes se han convertido en la banda sonora habitual de la capital. Las explosiones en gasolineras, estaciones de tren, centros comerciales, oficinas y bloques de viviendas forman ya parte del paisaje cotidiano. Diversas fuentes apuntan a un nuevo éxodo de familias que abandonan la ciudad en busca de mayor seguridad en el oeste del país.
Los habitantes de Kiev se habían acostumbrado a los rigores de la guerra cotidiana: alarmas antiaéreas, misiles, apagones e implacables olas de frío provocadas por los ataques rusos contra la red eléctrica. Sin embargo, la irrupción masiva, a finales de agosto, de drones Shahed con propulsión a reacción, sumada al aumento de los ataques con misiles rusos, ha desatado una nueva oleada de terror y devastación. La creciente capacidad de Rusia para atacar en profundidad, combinada con la escasez de interceptores ucranianos, ha vuelto a llevar la línea del frente hasta las puertas mismas de la capital.
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