Lo que la crisis de Ceuta se llevó
Al culpar a España, los líderes europeos han socavado uno de los pilares esenciales de cualquier proyecto de defensa colectiva

El 1 de agosto, tras la entrada en el exclave español de Ceuta de más de 70.000 migrantes procedentes de Marruecos, 22 mandatarios europeos firmaron una carta con duras críticas hacia España. La escasa disposición de la inmensa mayoría de los Estados miembros de la Unión Europea a respaldar a un país cuyas fronteras habían sido vulneradas por personas desarmadas constituye un pésimo augurio de cuál sería la respuesta real del continente ante una agresión militar.
En su misiva conjunta, los dirigentes atribuyeron la crisis fronteriza a la decisión del Gobierno español de abrir una vía de regularización para los migrantes en situación irregular y a un reciente fallo del Tribunal Supremo. A su juicio, ambas medidas habían provocado un «efecto llamada» con consecuencias más allá de los Pirineos. Al responsabilizar a Madrid de lo que el presidente Pedro Sánchez calificó de «violación de la integridad territorial de España», en lugar de reconocer que el país estaba soportando en solitario una presión derivada de su posición geográfica, los líderes europeos han socavado, quizá sin pretenderlo, uno de los pilares esenciales de cualquier proyecto de defensa colectiva del continente.
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