Una ilusión de victoria bloquea la negociación
La guerra no ha hecho más que ensanchar la brecha de percepciones entre Irán y Estados Unidos

El estrecho de Ormuz permanece parcialmente cerrado. Irán ha lanzado ataques contra varios países del Golfo. Israel, por su parte, ha llevado a cabo sus bombardeos más mortíferos en el Líbano desde el inicio del conflicto. Y los diez puntos que supuestamente deberían sentar las bases de un futuro acuerdo irano-estadounidense resultan incoherentes para cualquiera que haya seguido este asunto con un mínimo de atención durante los últimos años.
¿Qué cabe esperar entonces? Hay tres escenarios posibles: o bien este alto el fuego es poco más que un farol antes de una nueva escalada; o Donald Trump está dispuesto a asumir una derrota estratégica frente a Irán; o el régimen iraní ha cambiado de forma sustancial y se muestra dispuesto a ceder en cuestiones clave. De las tres, la primera sigue siendo, con diferencia, la más verosímil.
Por supuesto, no puede descartarse que el presidente estadounidense busque, a toda costa, una salida a una guerra cada vez más costosa –tanto para las fuerzas de Estados Unidos como para la economía mundial– y particularmente impopular en el país, sobre todo entre la base MAGA.
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