El pueblo que sobrevivió a Stalin y luego a Putin
Los tártaros de Crimea han sufrido dos deportaciones y, sin embargo, su identidad sigue viva

Han sido expulsados de su tierra en dos ocasiones. La primera fue en 1944, cuando la URSS los deportó de su Crimea natal. Medio siglo después lograron regresar a casa, pero la historia volvió a repetirse: en 2014 Rusia se anexionó Crimea y los empujó de nuevo al exilio. Así son los tártaros de Crimea. Así viven hoy.
Su Crimea sigue viva en una memoria que se transmite junto con un puñado de objetos. Las generaciones actuales no vivieron la deportación de los años 40, pero, estén donde estén, cargan con su recuerdo, junto con el Corán, los utensilios de cocina o el aroma del café especial de cada mañana.
En mayo de 1944, las autoridades soviéticas deportaron por la fuerza a los tártaros de Crimea. La decisión de expulsarlos se formalizó mediante un decreto preparado por el temido jefe de la policía Lavrenti Beria y firmado por Stalin. El objetivo era «castigar» a los pueblos que, según se decía, se habían puesto del lado de las fuerzas alemanas de ocupación durante la Segunda Guerra Mundial.
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