¿Es posible que nos estemos volviendo cada vez más tontos?
El cociente intelectual global aumentó hasta los años noventa; hoy retrocede en la mayoría de países. ¿Qué está pasando?
Últimamente no hacemos más que hablar de inteligencia. Nos deslumbran los avances de la inteligencia artificial y la carrera cognitiva entre el ser humano y la máquina. Se especula sin cesar sobre la llamada «superinteligencia»; cada semana aparece algún magnate de Silicon Valley asegurando que está a la vuelta de la esquina. En medio de tanto ruido, sin embargo, hemos perdido de vista su contraparte: la estupidez. Y resulta que esta también vive un auténtico renacimiento. Quizá esté gestándose una forma inédita de torpeza intelectual, una suerte de «superestupidez»: desinformada, acrítica y desprovista de creatividad. El reverso humano perfecto de una máquina calculadora todopoderosa.
Hace poco, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dio la voz de alarma al publicar los últimos datos de PISA. En Alemania, las competencias del alumnado en matemáticas, ciencias y comprensión lectora se han desplomado hasta mínimos históricos. Un tercio de los estudiantes de noveno curso lee a un nivel propio de la escuela primaria.
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