¿Vivir en diez metros cuadrados?
En plena crisis de la vivienda, estudiantes y jóvenes profesionales reinventan, a su pesar, el arte de encontrar un techo en París

Un estudio de apenas 10 metros cuadrados en una planta baja, con el aseo en el pasillo, en el distrito 11 de París y por 430 euros al mes, agua caliente incluida. Ahí vive Léa, una joven abogada que ejerce en la capital francesa.
Al cruzar el umbral hay que descalzarse y dejar los zapatos justo debajo del primer escalón de una pequeña entreplanta; de lo contrario, el paso al resto de la vivienda queda completamente bloqueado. O, más bien, al resto del espacio: 10 metros cuadrados útiles –la superficie de un dormitorio convencional– convertidos en una auténtica casita de muñecas, con varios ambientes encajados en un único habitáculo.
A la izquierda, unos escalones conducen a la cama individual situada en lo alto. Debajo, un sofá diminuto –que se despliega cuando viene su madre–, una cómoda para la ropa y un par de baldas empotradas para los libros forman la zona de estar. Justo al lado se encaja una cabina de ducha y, a continuación, el rincón de la cocina, equipado con fogones, nevera, microondas y horno. Frente a la única ventana del estudio, una mesa con dos sillas completa el puzle.
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