La maldad en Cisjordania
En los últimos tres años han desaparecido 86 aldeas palestinas. El escritor y activista israelí David Shulman relata lo que ha visto

Durante los últimos tres años, la aldea de pastores de Ras al-‘Ain, en Cisjordania, fue mi segundo hogar, y sus habitantes beduinos, mi familia ampliada. Los colonos israelíes instalados en enclaves ilegales junto a la aldea la atacaron a diario durante todo ese tiempo y ahora, por fin, han logrado doblegarla. Todas las familias han desmontado sus casas y se han marchado.
Ras al-‘Ain era la última gran aldea palestina del sur del valle del Jordán. Las demás, incluida la vecina Mu‘arrajat, situada a unos tres kilómetros, ya fueron destruidas y sus habitantes expulsados en una eficaz campaña de limpieza étnica respaldada por el Gobierno israelí. Durante décadas, unas mil personas vivieron en Ras al-‘Ain. Pertenecían a tres tribus beduinas –rashaida, jahalin y ka‘abneh– que se unieron con la esperanza de resistir juntas la violencia de los colonos. La mayoría eran pastores y vivían de una economía de subsistencia.
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