No perdamos la fe ante el retroceso ambiental
Para quienes alcanzaron la madurez en los años 70, resulta doloroso ver cómo Estados Unidos desmantela décadas de avances ecologistas

Los derechos civiles, los derechos de las mujeres y la protección del medio ambiente han sido siempre mis principales causas, y me tocó vivir una época de verdaderos avances. Recuerdo haberlo presenciado todo de niño: desde las marchas de Selma hasta el nacimiento del Día de la Tierra. Quienes hoy desmantelan aquel progreso también debieron de estar atentos entonces. Hay que tener al menos 70 años para recordar aquellas protestas, aquella música, los tres asesinatos que debilitaron para siempre a Estados Unidos, la guerra inmoral que arrojó a mis compañeros de clase a la hoguera y la encarnizada lucha entre cerrar o ensanchar las brechas que nos desgarraban.
Pero las victorias legislativas fueron monumentales. Como estudiante de ciencias ambientales en la década de 1970, me entusiasmaba ver cómo se promulgaba una ley fundamental tras otra: la Ley de Aire Limpio, la Ley de Agua Limpia, la Ley de Control de Sustancias Tóxicas, la Ley de Especies en Peligro de Extinción y la Ley de Conservación y Gestión de Pesquerías. Estados Unidos comprendía los problemas. A Estados Unidos le importaban. Estados Unidos estaba reparando las tuberías rotas y contaminantes de su propio futuro. De mi futuro. Y lideraba el mundo con el ejemplo.
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