Todo lo que un liquen sabe sobre el mundo
Testimonio de una de las formas de cooperación más antiguas de la Tierra, estos ecosistemas prosperan donde casi nada sobrevive

Se podría pensar que, en el exuberante reino verde del noroeste de Estados Unidos, el imponente abeto de Douglas ostenta la corona suprema, o quizá el cedro rojo. Pero el verdadero emblema de la región es otro: un organismo humilde, milenario y extraordinariamente resistente. Ese fiel compañero de los paisajes del estado de Washington es capaz de prosperar sobre casi cualquier superficie, ya sea seca o húmeda, luminosa u oscura, natural o artificial. Hablamos de los líquenes.
Cuelgan de los árboles como bufandas verdes, recubren las rocas con una costra delicada, cubren las vallas con una escarcha vegetal y salpican de color la corteza de los troncos, los tejados, las lápidas o incluso las lonas azules. En realidad, cualquier objeto que permanezca inmóvil el tiempo suficiente puede convertirse en un hogar fabuloso para un liquen.
Los líquenes fascinan, desconciertan e inspiran. Durante más de un siglo, su verdadera naturaleza mantuvo perpleja a la comunidad científica. Considerados una de las formas de vida más resistentes y adaptables del planeta, habitan todos los continentes y han superado pruebas de supervivencia en el espacio exterior, soportando durante meses la exposición directa al vacío y a la radiación cósmica.
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