Los iliberales de hoy no son los fascistas de ayer
Para entender la erosión del Estado de derecho en Occidente, hay que usar las etiquetas apropiadas

En mayo de 2024, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, viajó a Washington: no para reunirse con el entonces presidente Joe Biden, sino para encontrarse con el hombre que acababa de ganar las primarias republicanas, Donald Trump. La elección de Orbán fue poco diplomática, pero no sorprendente. Mientras Biden lo describía como un político que «busca implantar una dictadura», Trump proclamó que no había nadie «mejor, más inteligente ni mejor líder» que Viktor Orbán: «es fantástico… es un gran líder».
Aunque Trump no era la única razón –ni siquiera la principal– de la visita de Orbán a Washington. El primer ministro húngaro acudió por invitación de la Heritage Foundation, el poderoso y exclusivo laboratorio de ideas de la derecha estadounidense. En una conferencia a puerta cerrada, Orbán desplegó sin ambages los ejes centrales de su agenda política, para evidente satisfacción de la audiencia. Muchas de esas ideas encajaban casi a la perfección con el Proyecto 2025, el programa publicado un año antes por la Heritage Foundation, que propone una profunda reconfiguración del gobierno federal de Estados Unidos: concentrar mucho más poder en el Ejecutivo y facilitar la implantación de políticas nacionalistas cristianas de extrema derecha.
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