Prisioneras del régimen de Putin
Mientras miles de presos rusos cambian la cárcel por la guerra, la represión política alcanza incluso a las madres con hijos pequeños
El pasado diciembre, Eva Merkácheva, miembro del Consejo Presidencial de Derechos Humanos de Rusia, pidió a Vladímir Putin un «milagro navideño». En nombre de las personas con discapacidad y de las madres encarceladas en Rusia, instó al presidente a indultar a las reclusas sin antecedentes penales condenadas por delitos leves y no violentos. «Se acercan las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Presidente, permita que las madres las pasen con sus hijos», imploró. Al principio, Putin pareció dispuesto a acceder a su petición. Merkácheva le envió una lista con los nombres de las presas que podían ser puestas en libertad. Pero las fiestas pasaron y el indulto nunca llegó.
Unos meses después, con motivo del 8 de marzo, los activistas exiliados de la oenegé Memorial hicieron un llamamiento similar. «Somos conscientes de lo poco realista que resulta esperar la liberación inmediata de todos los presos políticos, pero en las cárceles rusas hay al menos veinte mujeres que merecerían humanidad y compasión», escribió la organización. «Todas son madres a las que han separado de sus hijos menores de edad».
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