¿Estamos ante la mayor revolución en el tratamiento del cáncer?
Los tumores tienen un punto débil en sus genes. Y la medicina está aprendiendo a encontrarlos
Stephen Huff estaba a punto de casarse cuando se sometió a un TAC para averiguar por qué le faltaba el aire. Tenía 29 años, estaba en buena forma física, había jugado al béisbol profesional y nunca había fumado. Por eso, el diagnóstico lo pilló completamente por sorpresa: cáncer de pulmón en estadio IV. «Tenía múltiples lesiones en los pulmones, el cuello, la columna vertebral, el hígado, el cerebro… por todas partes», cuenta. «Intentaba aparentar entereza, pero por dentro estaba aterrado. No sabía si seguiría aquí seis meses después».
Por suerte para Huff, su madre, investigadora del cáncer, lo animó a someterse a un nuevo tipo de prueba que está revolucionando discretamente el tratamiento de esta enfermedad. En lugar de centrarse en la parte del cuerpo donde se originó el cáncer –por ejemplo, los pulmones, el intestino o la piel–, este nuevo enfoque se fija en los genes. El objetivo es identificar la mutación exacta que impulsa el crecimiento del tumor y bloquear su acción mediante fármacos que actúan como misiles teledirigidos.
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