La industria de la intimidad
La plataforma OnlyFans ha convertido el deseo en dinero. Hoy su estrategia es cuestionada en los tribunales
Caro, Sophie, Abigail… En la plataforma digital, estas «creadoras» lucen cuerpos esculturales, acumulan cientos de miles de seguidores y prometen a cada uno una relación auténtica que, en realidad, gestionan terceros en la sombra. Un negocio perfectamente legal, pero que ya ha empezado a enfrentar acciones judiciales en Estados Unidos.
Es ella, James está seguro. Abigail Ratchford está sentada en una mesa en el Boa Steakhouse, uno de esos restaurantes de la costa californiana donde se sirve buey de wagyu y el chardonnay cuesta 100 dólares la botella. Es una modelo de carne y hueso, una mujer morena de 1,73 m con unas curvas inverosímiles. Este cuarentón –que prefiere no dar su nombre real– la reconoce al instante porque, en cierto modo, ya la conoce: le ha pagado varios cientos de dólares por internet a cambio de algo de atención y bastante contenido íntimo. Es uno de sus suscriptores en OnlyFans.
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