La vida sin Pornhub: un onanismo más intelectual
Desde el bloqueo en Francia de las principales webs XXX gratuitas, algunos usuarios reinventan el arte del placer solitario
Se acabó lo que se daba. Verano de 2025: Léo (nombre ficticio), técnico de espectáculos de 28 años, se dispone a «darle alegría al pajarito» viendo Pornhub cuando se topa con una imagen que le corta el calentón de golpe. Su «momento de relax», que no duda en comparar con «un buen cigarrillo», tendrá que esperar. En lugar de sus habituales vídeos «para mayores de 18 años», lo recibe una Marianne con el pecho descubierto, inspirada en el célebre cuadro de Delacroix. El acceso a la web está bloqueado. «¡Joder, qué putada!», suelta ante la pantalla, contrariado.
No es ni mucho menos el único que se ha quedado a dos velas. Cuando el Gobierno francés exigió a las webs pornográficas que verificaran rigurosamente la edad de sus usuarios, el gigante Aylo, propietario de Pornhub, RedTube y YouPorn, se negó a «poner en riesgo los datos de sus clientes». Comenzó entonces un largo pulso que, en junio de 2025, desembocó en el bloqueo de estas páginas y dejó sin su pasatiempo a siete millones de visitantes diarios.
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