Con Ozempic o sin, discriminado igual
Juzgado por estar gordo, rechazado por adelgazar: los comentarios solo cambian de naturaleza, observa la prensa internacional

Gordofobia en el país de los obesos
México es el país de América Latina con la mayor tasa de adultos con sobrepeso: un 64%, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Además, de acuerdo con los datos de la encuesta de salud y nutrición 2020-2023 realizada en el país, cerca del 39% de los mexicanos cumplen los criterios de obesidad.
Pero esta realidad «no ha suavizado la actitud de la sociedad hacia las personas con sobrepeso», especialmente en el acceso al empleo y en los salarios, señala El País América. Hasta tal punto que, en abril, una diputada del partido Movimiento Ciudadano propuso reformar el artículo 1 de la Constitución para añadir «la complexión corporal, la apariencia física y el peso» a la lista de motivos de discriminación prohibidos, junto con el origen étnico, el género, la religión o la orientación sexual, añade El Universal.
La iniciativa surgió tras una conferencia de gran repercusión impartida por investigadores del Centro de Investigaciones en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México, de la que se hizo eco el medio digital Infobae. En febrero, los investigadores definieron la gordofobia como un «sistema de opresión» y de «violencia normalizada» que «moldea los cuerpos, regula las conductas y produce sufrimiento».
¿Dónde han quedado las tallas XXL?
¿Vestirse en 2026 si uno usa una talla grande? Buena suerte… «Hemos decidido dejar de ofrecer las tallas XXXL y XXXXL porque hemos observado una caída de la demanda». El gigante sueco de la moda H&M reconoce que ya apenas ofrece tallas superiores a la XL. Sin embargo, en 2023 la cadena de moda rápida confeccionaba prendas de hasta la XXXXL, tras colaborar con consultores especializados en inclusión e influencers de «tallas grandes», recuerda Bloomberg Businessweek.
La reducción de esta oferta tiene una consecuencia: las personas gordas se ven obligadas a comprar ropa de segunda mano o a resignarse a coser sus propias prendas. Y eso pese a que, «incluso con el GLP-1, la mayoría de los estadounidenses usa tallas grandes, también quienes han perdido peso con este tratamiento», subraya The Guardian. «La clientela de tallas grandes es la peor atendida por la industria de la moda».
Las bromas gordófobas gozan de buena salud, gracias
«¡He comido como un gordo!». Comentar los «culos gordos» o lo que piden quienes comen entrante, plato principal y postre; idealizar un peso cada vez más bajo; enumerar en las redes sociales todo lo que se ha ingerido durante el día: la gordofobia vuelve con fuerza a internet y al lenguaje cotidiano. O, más probablemente, nunca se había ido, sino que simplemente se había vuelto menos visible durante la breve etapa del body positive.
Las bromas dirigidas contra las personas gordas gozan hoy de una tolerancia creciente, asegura The Washington Post. Para el diario estadounidense, este repunte de la gordofobia puede considerarse uno de los efectos secundarios sociales del triunfo de los tratamientos de tipo GLP-1. «En una época en la que los medicamentos para adelgazar uniformizan los cuerpos, las bromas sobre gordos propias de los años 2000 vuelven a ganar terreno en internet –sobre todo en los algoritmos que premian los contenidos transgresores– y saltan a la vida real».
Ante los influencers que se ponen un «traje acolchado» para parecer gordos y hacer reír al público, The Washington Post recuerda: «Estar gordo no significa que uno no se cuide, que sea incapaz de controlarse o que coma porquerías poco saludables».
Ser hombre y tomar Ozempic
En el Reino Unido, el 79,4% de quienes utilizan medicamentos análogos del GLP-1 son mujeres, según un estudio de la Health Foundation citado por el Financial Times. ¿Y los hombres? El diario económico ha hablado con cuatro de ellos. «¡Tengo abdominales! Por primera vez en mi vida», celebra Ki. Steve, que asegura haber tenido sobrepeso desde los seis años sin que ninguna dieta restrictiva lograra cambiarlo, añade, pensando en las mujeres y en la revolución que supuso la anticoncepción: «Junto con la píldora, diría que es lo mejor que se ha inventado jamás».
Junto con Bryan, ambos celebran la desaparición del food noise, ese ruido mental de fondo que mantiene la mente constantemente ocupada con la comida: la siguiente comida, el cálculo de calorías o los alimentos prohibidos.
¿Se sienten más o menos masculinos al tomar un medicamento que el imaginario colectivo asocia con las mujeres? Steve responde: «Creo que dejar de tener pechos te hace un poco más viril». Y Ki añade: «Estoy encantado de quitarme la camiseta más a menudo. Fui a Miconos por primera vez y me puse con el torso desnudo. Me sentía muy orgulloso».
En el trabajo se ha abierto una «caja de Pandora»
Si le hubieran dicho que tendría que soportar una conversación así durante la pausa para comer, Isabel Haneder, de 52 años, no habría dado crédito. Según cuenta al medio estadounidense Business Insider, sus compañeros estaban hablando de la pérdida de peso de algunas celebridades de Hollywood cuando «la conversación pasó enseguida a los pechos caídos y los traseros planos». Entonces, alguien se dirigió directamente a esta empleada de una productora audiovisual en Alemania: «Has adelgazado mucho. ¿Y a ti qué te ha pasado en el cuerpo?».
«Atónita», Isabel Haneder «no había imaginado que la flacidez de su piel se convertiría en un tema de conversación allí junto al dispensador de agua». El auge de los tratamientos para adelgazar ha «abierto una caja de Pandora» en el ámbito laboral, constata el medio, que habla de «una pesadilla para los departamentos de recursos humanos de las empresas». Aunque a nadie se le ocurriría comentar el tratamiento contra el cáncer de otra persona, ese respeto parece evaporarse cuando se trata de medicamentos análogos del GLP-1.
«Como es un medicamento conocido para adelgazar, la gente cree que resulta más aceptable hablar de él», explica Jessie Sims, residente de cirugía en Chicago. «Pero, en mi opinión, no es así».
Perder kilos… y parte de los amigos
Daniel Schmer, de 42 años, ha perdido 25 kilos gracias a un medicamento análogo del GLP-1. Como relata al diario alemán Süddeutsche Zeitung, esta profunda transformación también lo ha aislado, pues algunos amigos le han reprochado sus cambios de comportamiento.
Antes amante de los placeres de la vida, ahora se ha vuelto un asceta: se sacia enseguida y a veces está «letárgico». También bebe mucho menos alcohol –algo que a los demás no siempre les resulta fácil aceptar– y ha dejado de fumar. Aunque se siente mucho más sano y subraya que no se arrepiente de sus decisiones, lamenta que sus relaciones sociales hayan cambiado considerablemente.
Como él, miles de personas han descrito cambios en su estado de ánimo bajo la etiqueta #anhedonia. Y quienes las rodean no siempre se muestran comprensivos, como revelan los testimonios recogidos por el periódico en Reddit: «Una internauta se queja de que su amiga se ha convertido en “una auténtica zorra” desde que utiliza Ozempic. Otro explica que ya no soporta oír a una amiga hablar de su falta de apetito: “Presumir de no haber comido en todo el día no es precisamente lo más encantador del mundo”». Así pues, los tratamientos para adelgazar también parecen tener importantes efectos secundarios sobre la vida social, aunque estos sean difíciles de cuantificar.