El fin del «ellas escriben primero»

Presiones legales y el debilitamiento del feminismo: tras la decisión de la app de citas Bumble de cambiar su razón de ser

El fin del «ellas escriben primero»
Campaña de la app de citas sobre la brecha de género en las relaciones románticas. Foto: Bumble
The Observer

Bumble nació en 2014 con una promesa tan simple como novedosa: en las citas online, serían las mujeres quienes darían el primer paso. Durante una década, make the first move –da el primer paso– fue el núcleo ideológico de la marca. «Prometía poner a las mujeres en control de con quién hablaban, reducir el acoso y darles una sensación de poder en el abrumador mundo de las citas online», escribe The Observer. Ese principio empezó a resquebrajarse en abril de 2024, cuando Bumble anunció –de forma discreta– que las mujeres ya no tendrían que iniciar obligatoriamente las conversaciones.

La empresa presentó el cambio como una respuesta al cansancio de las usuarias. «Las mujeres estaban experimentando un agotamiento con la experiencia de las citas online», explicó entonces la consejera delegada de la compañía, Lidiane Jones, que describió la actualización como una forma de ofrecer a los usuarios «más opciones». Pero, según publica ahora el semanario británico, tras esa versión oficial se desarrollaba otra historia muy distinta: empleados con conocimiento de las discusiones internas de la compañía aseguran que «el cambio estuvo impulsado por una creciente presión legal de activistas por los derechos de los hombres y de despachos de abogados en Estados Unidos».

Una ofensiva judicial

Solo entre junio y agosto de 2023, Bumble recibió «más de 20.000 amenazas legales» que alegaban que la aplicación discriminaba a los hombres al no permitirles dar el primer paso. A día de hoy, la empresa sigue enfrentándose a una demanda que sostiene que su planteamiento «siempre ha consistido en explotar estereotipos sexuales con ánimo de lucro». El caso está impulsado por Alfred Rava, abogado celebrado como el «hombre de la década» en el foro MensRights de la red social Reddit, conocido por presentar demandas contra políticas basadas en el género; desde noches solo para mujeres en bares hasta promociones del Día de la Madre en partidos de béisbol.

La ofensiva judicial no es nueva. En 2018, un demandante en California ya impugnó la regla de «ellas escriben primero» bajo la ley de derechos civiles del estado. Bumble negó que su app fuera discriminatoria, pero alcanzó un acuerdo confidencial en 2021, tres meses después de su salida a bolsa. Creó un fondo de 3 millones de dólares para pagar posibles compensaciones a quienes denunciaran y aceptó introducir cambios en el producto. Lejos de acabar con el problema, el episodio abrió la puerta a nuevas reclamaciones. En su informe anual de 2023, la propia empresa estimó que estos procedimientos podrían costarle hasta 65,8 millones de dólares en honorarios legales.

La empresa se ha encontrado así entre la espada y la pared. Al diluir su principio fundacional, Bumble «ha capitulado ante las demandas de los activistas por los derechos de los hombres en el peor momento posible», explican algunos empleados. Además, la introducción de Opening Moves –una función que permite a las mujeres escribir una pregunta para que los hombres respondan– ha sido percibida en el mercado como una forma de «rebajar» el concepto que le dio diferenciación a la app.

Un contexto complicado

El giro llegó, además, en un momento de extrema debilidad empresarial. Desde su salida a bolsa en febrero de 2021, el precio de la acción ha caído alrededor de un 90%, «borrando gran parte del valor creado por una salida a bolsa», recuerda The Observer. El desgaste no es solo financiero. «La gente se ha cansado de deslizar perfiles infinitamente», y Bumble ha perdido terreno frente a rivales como Hinge, que promete facilitar conexiones «significativas». 

En agosto, la fundadora de la app Whitney Wolfe fue aún más explícita ante la plantilla: «Las aplicaciones de citas empiezan a sentirse como algo del pasado». Desde enero de 2024, Bumble ha despedido a cerca del 30% de su plantilla y reemplazado a todo su comité directivo. Entre 2024 y 2025, la compañía perdió casi 700.000 usuarios de pago. 

El fin de una era

Fundada en 2014, en pleno auge del movimiento «girlboss» (chica-jefa), Wolfe Herd encarnó el feminismo corporativo de la década pasada. Tras cofundar Tinder y demandar a la empresa por acoso sexual y discriminación, levantó Bumble sobre esa idea sencilla de dar preeminencia a las mujeres en el inicio de la conversación. La aplicación superó el millón de usuarios en su primer año. En 2021, Wolfe Herd tocó la campana del Nasdaq con un traje amarillo y su hijo en brazos; solo tres de las 550 empresas que salieron a bolsa ese año en Estados Unidos habían sido fundadas por mujeres. El éxito de Bumble hizo que se convirtiera en la milmillonaria «hecha a sí misma» más joven del mundo. 

Hoy, ese relato ha perdido fuerza. Como resume The Observer, «el feminismo es ahora un argumento más difícil de vender», mientras en Silicon Valley gana terreno un discurso que reclama menos corrección política y más «energía masculina». Para una empresa construida sobre la promesa de que el diseño centrado en las mujeres podía alterar las dinámicas de poder, el repliegue no es solo estratégico sino simbólico. El fin del «ellas escriben primero» marca sobre todo el final de una época.

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