El primer ministro, la estrella del pop y el fin de una era
Fueron emblemas del optimismo del siglo XXI. Ahora están de fiesta mientras el mundo arde
A principios de 2025, Justin Trudeau se plantó con lágrimas en los ojos frente a Rideau Cottage –la residencia oficial del primer ministro– y anunció su dimisión. La decisión se veía venir desde hacía tiempo. Su índice de aprobación había caído a un mínimo histórico del 22%. Canadienses de izquierdas y de derechas protestaban contra las políticas migratorias del Partido Liberal, al que culpaban de un crecimiento demográfico insostenible, una crisis de la vivienda cada vez más grave y el deterioro de los servicios públicos.
La inflación había disparado el coste de la vida. En internet se vendían camisetas con lemas como «Trudeau Removal Company» («Empresa de retirada de Trudeau») y «TRUGO». Parecía que los canadienses ya se habían cansado de seguirlo por «el camino del optimismo». En marzo, cuando Mark Carney lo sustituyó al frente de la formación política, muchos ya no querían verlo ni oír hablar de él. Pero algunos nos preguntábamos: ¿qué haría aquel antiguo príncipe azul ahora que lo habían apeado del poder?
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