Un mal trago para Francia
De imitador aplicado a competidor serio, el vino chino empieza a inquietar incluso a los productores de Burdeos

A medida que China se ha consolidado como potencia en sectores que van de los smartphones a los coches eléctricos, el país se ha lanzado a la conquista de una categoría inesperada: el vino. Hoy es el decimoquinto productor mundial, con 2,6 millones de hectolitros anuales, volúmenes comparables a los de Nueva Zelanda, Hungría o Georgia. ¿Podría incluso llegar a suponer una amenaza para Francia?, se pregunta el South China Morning Post.
Las etiquetas chinas han ido ganando espacio en los circuitos de prestigio. Hace unos años, durante un encuentro informal entre Xi Jinping y Emmanuel Macron en Guangzhou –donde ambos presidentes hablaron de Ucrania y de relaciones comerciales–, el vino servido no fue francés, sino un tinto de la bodega Xige Estate, en la región de Ningxia. La escena tuvo un epílogo revelador. «Sé que Macron pidió que le prepararan unas botellas más para llevar a Francia», cuenta una portavoz de la bodega al diario hongkonés.
Detrás de esa anécdota hay una meseta al borde del desierto de Gobi que se ha ganado el apodo de «el Burdeos chino». «Conocí Ningxia por primera vez en 2009», recuerda la enóloga austríaca Lenz Moser. «En ese momento era prácticamente desconocida y sus vinos estaban lejos de destacar». Había, sin embargo, dos señales que no pasaron inadvertidas: un fuerte respaldo del gobierno local y una generación de enólogos formados en el extranjero, decididos a jugar en las grandes ligas.
De copiar a competir
Los primeros pasos de China en la viticultura occidental estuvieron marcados por una «fascinación casi ciega» por lo francés, explica Food & Wine. En ese sentido, llegar a Ningxia podía resultar desconcertante: castillos de inspiración gala, hileras de Cabernet, Chardonnay, Merlot y Syrah cultivadas sin demasiada consideración por el suelo o el clima local, y bodegas equipadas con roble francés nuevo. Todo muy bordelés, salvo lo que había en la copa, que no engañaba ni a un turista despistado.
Pero China no tardó en corregir el rumbo. En los últimos años, los productores empezaron a ajustar sus prácticas y a buscar un perfil propio. Fue «una etapa crucial en la construcción de una identidad propia», afirma a la revista Wine & Spirits la propietaria de una bodega, Lily Zhang. Hoy los vinos de Ningxia ya no aspiran a parecer franceses. La oferta china abarca desde tintos ligeros hasta espumosos elaborados con el método tradicional.
À la guillotine
No es la primera vez que el orden establecido se tambalea. En 1976, los californianos se impusieron en una histórica cata a ciegas conocida como el «Juicio de París», recuerda la guía especializada Dico du Vin. En 2011, la escena se repitió en Pekín: una degustación similar terminó con un titular incómodo –«Ningxia vence a Burdeos»– que aún resuena en el sector.
El temor se confirmó después, cuando Michel Bettane, uno de los críticos más influyentes de Francia, regresó de China con una conclusión poco diplomática: «Muchas botellas ya superan a varias francesas», aseguró en la revista Vinetur. Parte de esa transformación se explica por una generación de enólogos chinos formados en Europa que volvieron a su país decididos a adaptar lo aprendido a las condiciones locales. «Los fabricantes chinos de teléfonos inteligentes comenzaron imitando a Apple antes de desarrollar sus propias innovaciones». El vino, sugiere Bettane, no es la excepción.
Un objeto de deseo
El crecimiento de la industria también ha ido acompañado de un cambio en el consumo local. La relación de los jóvenes chinos con el vino está mutando con rapidez, explica Wine & Spirits. «Antes, era una bebida que se asociaba exclusivamente con banquetes y regalos. Pero ahora estamos viendo el surgimiento de consumidores que lo compran para su propio disfrute».
Pero el fenómeno también despierta curiosidad fuera de China. En Nueva York, el fundador del China Wine Club asegura que los vinos chinos funcionan como un inesperado tema de conversación en mesas sofisticadas. «Tener algo un poco impactante y subversivo es parte del atractivo». Y remata: «Si viajas con tu copa, quieres ir a un lugar donde nunca has estado antes».
El vino de Ningxia lleva desarrollándose desde hace dos décadas y, en diez años más, «estará a la altura de algunos de los mejores del Viejo Mundo», subrayan varios expertos citados por Vinetur. La conclusión deja poco margen para la tranquilidad francesa: «El queso puede seguir tranquilo, pero en lo que respecta al vino, China está acortando rápidamente la distancia».