Se busca cementerio de aviones para alimentar la IA
Ávidos de energía, los centros de datos recurren a motores de aviones retirados para producir electricidad. Una solución nada ecológica

Bajo el sol del desierto de Sonora, en Arizona, descansan miles de aviones retirados. «Muchos de sus motores llevan años sin arrancar», relata The New York Times. Pero ahora varias empresas desmontan esos motores, que en esencia son turbinas de gas, y los convierten en codiciados generadores eléctricos para los centros de datos que hacen funcionar la inteligencia artificial.
Según datos de la Agencia Internacional de la Energía, un centro de datos dedicado a la IA puede consumir tanta electricidad como 100.000 hogares. Conectarlo a la red eléctrica, sin embargo, puede llevar años. Y el obstáculo no es solo técnico: las comunidades donde se instalan están cada vez más descontentas. El martes, en las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos, ese rechazo se tradujo en votos a favor de candidatos que prometían frenar su expansión, como Gina Hinojosa en Texas, recuerda el diario.
Se buscan motores desesperadamente
Conseguir una turbina de gas nueva, como las que utilizan las centrales eléctricas, puede llevar años. Por eso los promotores recurren a lo que encuentran. «Todo consiste en conseguir energía lo más rápido posible», explica al periódico un analista de la consultora Rystad Energy. Con estos motores, añade, «pueden tener un centro de datos funcionando en 24 meses».
La urgencia la marcan las propias tecnológicas, que amplían sus centros de datos a toda velocidad para instalar cada vez más chips de inteligencia artificial. Estos procesadores necesitan enormes cantidades de electricidad para funcionar. «Instalamos un acelerador de IA aproximadamente cada 14 segundos», explicó Andy Jassy, consejero delegado de Amazon, para ilustrar el ritmo al que crece su infraestructura.
Se trata de una solución avalada por la propia Administración estadounidense. «Fue idea mía», presumió Donald Trump en agosto. «He ordenado que los centros de datos generen su propia electricidad, para que no la tomen de la red». Pero este atajo tiene un coste medioambiental: los motores reciclados contaminan más y «consumen más combustible que las turbinas construidas para las centrales de gas modernas», subraya The New York Times.
xAI, la empresa de inteligencia artificial de Elon Musk, ha instalado ocho de estas turbinas en una central de Misisipi. Tienen permiso para emitir el doble de monóxido de carbono que las otras turbinas de la planta. La generación eléctrica «debería ser más limpia con el tiempo, no más sucia», advierte Patrick Anderson, abogado de una organización ecologista.
La rebelión llega a las urnas
En Estados Unidos, el rechazo ciudadano a los centros de datos se ha extendido rápidamente. Los vecinos denuncian que estas instalaciones «encarecen la factura eléctrica, consumen grandes cantidades de agua para refrigerarse y generan ruido constante», señala The Washington Post.
Parte del reciente éxito de los demócratas en las elecciones de mitad de mandato se explica por haber convertido ese rechazo en una bandera de campaña y haber presentado a sus rivales como «demasiado ligados a las grandes tecnológicas», apunta la revista Time.
Las elecciones incluyeron también consultas locales sobre la construcción de estas instalaciones. En al menos 38 jurisdicciones se aprobaron prohibiciones o restricciones, recoge el semanario. «Si esas fueron las elecciones de los centros de datos, los centros de datos perdieron», tituló esta semana el medio especializado en energía Heatmap.
El malestar también ha calado entre los votantes republicanos. En Texas, que concentra una cuarta parte del procesamiento de datos de todo el país, la demócrata Gina Hinojosa derrotó al gobernador Greg Abbott con la promesa de una moratoria. También perdió el republicano Ken Paxton, candidato al Senado y respaldado por Elon Musk, informa The New York Times. El empresario tiene en ese estado la sede de Tesla y la base de SpaceX.
Después de la victoria demócrata, las acciones de los operadores de centros de datos cayeron con fuerza. Tras conocer los resultados, Musk propuso una solución más radical: «Los centros de datos en el espacio parecen bastante atractivos ahora mismo», escribió en X.
En Europa, más de lo mismo
En Europa, la expansión de los centros de datos también empieza a encontrar resistencias. La Comisión Europea quiere triplicar en siete años su capacidad de centros de datos para IA, según Computer Weekly, pero el enorme consumo de recursos de estas instalaciones plantea un desafío tanto para los gobiernos como para las comunidades locales.
Por ahora, la regulación europea es limitada. La ley de inteligencia artificial solo obliga a los desarrolladores de los grandes modelos a documentar cuánta electricidad consumen. Además, los centros de más de 500 kilovatios deben declarar cada año su consumo de agua. A partir de ahí, cada país busca su propia fórmula. Irlanda, por ejemplo, solo permite que los nuevos centros se conecten a la red eléctrica si producen o almacenan su propia energía.
Pero, como en Estados Unidos, las medidas no han evitado los conflictos con los vecinos. En Finlandia, la policía de Oulu investiga a una filial de Google por haber talado y drenado unas 330 hectáreas de bosque antes de completar las evaluaciones ambientales, informa Helsingin Sanomat.
En España, Amazon prepara en La Puebla de Híjar el primer centro de datos de la provincia de Teruel. Los vecinos del pueblo se preguntan cuánta agua necesitará, en una provincia donde este recurso ya es escaso, recoge La Comarca. En la misma provincia, en el aeropuerto de la capital turolense, decenas de aparatos retirados descansan en el mayor cementerio de aviones de Europa. También allí, como en el desierto de Sonora, se desmontan aeronaves y se recuperan sus motores, aunque por ahora no hay noticias de que vayan a utilizarse para alimentar centros de datos.