¿Puede China dominar el mundo y seguir siendo pobre?
El gigante podría no escapar nunca de la trampa de la renta media y, aun así, consolidarse como potencia decisiva
Las industrias exportadoras de China –desde los vehículos eléctricos y los paneles solares hasta prácticamente cualquier producto manufacturado– son la envidia del mundo. Sus sectores tecnológico y de inteligencia artificial solo quedan por detrás de los estadounidenses, con Europa a gran distancia. Sin embargo, China atraviesa ya el sexto año de una profunda crisis inmobiliaria, similar a la que sufrió Japón. ¿Es posible que el país esté en auge y estancado al mismo tiempo?
En un reciente estudio publicado por Brookings, Yuanchen Yang, del Fondo Monetario Internacional, y yo analizamos los sorprendentes paralelismos entre la China actual y el Japón de los años noventa, especialmente en los mercados inmobiliarios de viviendas y locales comerciales y en las infraestructuras relacionadas. En ambos casos, el desplome que siguió al frenesí especulativo dejó un enorme excedente de construcciones que puede tardar años en absorberse. China sigue inmersa en ese proceso.
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