Regreso a la Luna: una sensación «abrumadora»

La carrera espacial se reaviva con el mismo objetivo que hace seis décadas: alcanzar el satélite rocoso

Regreso a la Luna: una sensación «abrumadora»
Un «ocaso terrestre», captado por la tripulación de Artemis II desde la nave Orion durante el sobrevuelo del lunes. Foto: NASA
Página Internacional

Este lunes, tras una década de preparación, la tripulación de la misión Artemis II superó el récord del Apolo 13 de 1970 y alcanzó una distancia de más de 406.000 kilómetros de la Tierra, «viajando más lejos de nuestro planeta que cualquier ser humano en la historia», escribe Los Angeles Times. Los cuatro astronautas a bordo se convirtieron así en los primeros en observar directamente partes de la cara oculta de la Luna, «iluminada por el sol a simple vista».

Artemis II, una misión de diez días con cuatro astronautas a bordo, «es esencialmente una prueba» –explica The New Yorker–: la cápsula ha rodeado la Luna antes de emprender su regreso a la Tierra, con amerizaje previsto en el océano Pacífico. El objetivo es «validar sistemas de soporte vital, navegación, trajes espaciales y comunicaciones» de cara a las futuras misiones Artemis III y IV, que prevén volver a pisar el satélite por primera vez en medio siglo a partir de 2028, añade Wired.

El momento más delicado llegó durante el apagón de comunicaciones. «Minutos antes de perder la señal, el astronauta Victor Glover dijo: “Nos vemos al otro lado”», recoge The Guardian. Durante ese intervalo, la nave alcanzó su máxima distancia respecto a la Tierra.

Unas vistas hipnóticas

Desde la cápsula, los astronautas describieron un paisaje tan extraño como hipnótico: «patrones geométricos de tonos marrones, azules y verdes; paredes escarpadas y cañones». Algunas superficies «parecían estanques de agua agitada congelados de repente», mientras otras «daban la impresión de haber sido pavimentadas».

«Es una vista majestuosa», dijo el astronauta Reid Wiseman, mientras fotografiaban durante seis horas zonas «que ningún ojo humano había visto». Glover observó que algunas cumbres «parecían cubiertas de nieve», y su compañera Christina Koch comparó los cráteres con «una pantalla perforada por donde se filtra la luz».

«Tuve una sensación abrumadora al mirar la Luna», confesó Koch. «Es un cuerpo único y, al compararlo con nuestro hogar, nos recuerda cuánto tenemos en común. Todo lo que necesitamos lo proporciona la Tierra, y eso es casi un milagro». 

El cuarto tripulante, Jeremy Hansen, añadió: «Lo hacemos en honor a nuestros predecesores, pero queremos que este récord no dure mucho». Antes del sobrevuelo, la tripulación escuchó un mensaje del comandante del Apolo 13, Jim Lovell: «Bienvenidos a mi antiguo vecindario».

Más allá del récord

Pero la misión también recordó la fragilidad del viaje espacial. «En el vacío, la nave esencialmente quiere explotar», señala The New Yorker, y durante la reentrada «solo unos centímetros separan a los astronautas de temperaturas de 5.000 grados». Incluso cuando todo funciona, «un astronauta está notablemente cerca de la nada».

La vida a bordo tampoco está exenta de contratiempos. «El equipo tuvo que solucionar problemas con el inodoro», apunta Los Angeles Times. «Sospechaban que un conducto se había congelado» y giraron la nave hacia el sol para calentarlo. «La nave estaba incómodamente fría», añadió Glover, que «se puso un gorro de punto». Koch, por su parte, «dormía colgada del techo, como un murciélago».

La carrera que vuelve

«Artemis II es la misión tripulada más importante de una generación», señala The New Yorker. «Llega tras décadas de intentos fallidos y marca el inicio de una nueva carrera espacial». El principal rival es China. Su programa Chang’e aspira a llevar humanos a la Luna en 2030 y sigue un modelo más cercano al Apolo: centralizado y disciplinado. 

Frente a ello, la NASA avanza hacia un modelo híbrido, con un calendario de alunizaje –2028– que ya ha sufrido varios retrasos. A partir de Artemis III, «empezará a delegar elementos clave en empresas privadas como SpaceX y Blue Origin: no construirá ni poseerá los módulos lunares y alquilará incluso los trajes espaciales», explica el semanario. De este modo, el nuevo programa será, en gran medida, privatizado.

La misión deja también escenas alejadas de la épica clásica. «Un tarro de Nutella flotando en la nave se volvió viral», recoge Jutarnji. Usuarios lo calificaron como «la mayor publicidad gratuita de la historia», mientras la marca respondía: «Estamos honrados de haber viajado más lejos que cualquier crema en la historia». La NASA ha negado que se tratase de publicidad pagada.

A bordo hay 189 comidas distintas; las tortillas son las favoritas porque evitan que los alimentos floten. También se asignaron 43 tazas de café para la misión. Pequeños detalles cotidianos en un viaje extremo del que emerge, también, una frase de Koch que condensa la paradoja de Artemis II: «Al viajar hacia la Luna no nos alejamos de la Tierra, la elegimos».

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