El toreo ha muerto, viva el toreo
La tauromaquia no remonta en cifras, pero sí en perfil: relevo generacional y ascenso de las toreras
La muerte del toreo se ha anunciado muchas veces. Para LBC News, sin embargo, el número de festejos en España está «en su nivel más alto en siete años», y el cambio decisivo no debe leerse tanto en clave cuantitativa como generacional. «Los jóvenes son ahora la presencia más constante en las plazas, mientras los espectadores de mayor edad se van retirando», señala el medio británico.
La tauromaquia sigue siendo minoritaria —apenas un 2% de los españoles acudió a una corrida en la temporada 2021-22, según datos oficiales—, pero entre quienes sí asisten, «los adolescentes de 15 a 19 años constituyen el grupo más numeroso». En la práctica, el sector se sostiene con menos masa y más convicción. «Las audiencias son más pequeñas», concede Miriam Cabas, novillera andaluza de 21 años, «pero ahora percibo que la juventud está en auge y tiene ganas de conocer y volver a las plazas». Cabas es una de las cerca de 250 mujeres registradas como profesionales del toreo en España, y una de las más visibles en el ámbito internacional.
Un emblema del feminismo
La gaditana ya ha debutado en México, donde «cortó sendas orejas y salió a hombros», llevando «un aire fresco, con su perfumado acento del sur», recoge Al Toro México. El medio especializado subraya que «el toro no pide pasaporte ni pregunta el género» y que Cabas «tiene valor, intuición para colocarse y mata por derecho».
Para The Atlantic, Cabas es el emblema de una disciplina «intensamente tradicional» en la que «muy pocas mujeres llegan a competir». La revista norteamericana ha dedicado recientemente un amplio perfil a la novillera española y subraya que, a diferencia de algunos compañeros, evita fotografiarse con políticos de extrema derecha: «aunque Vox respalda la forma en que Cabas se gana la vida, sus líderes son inequívocamente antifeministas».
Cabas no le da importancia a su papel como pionera: «Te juegas la vida ante un toro bravo, y eso es igual de duro para hombres o mujeres», señala a la prestigiosa publicación. Y reivindica la ética de los toreros: «Nadie ama a los toros como nosotros. Dedicamos la vida a ellos; si eso no es amor, ¿qué lo es?».
No es un fenómeno uniforme
En la plaza de Las Ventas en Madrid, Álvaro Alarcón, novillero de 24 años, se encuentra en la antesala de convertirse en matador. «Desde que te levantas hasta que te acuestas, y aun cuando duermes, sueñas con lo que quieres hacer en el ruedo», dice Alarcón. «Ser torero es una forma de vida». Para lograr su objetivo, «ese domingo debe matar dos novillos hundiendo la espada entre los hombros, perforando la aorta», cuenta LBC News. Y, aun así, «cientos de niños y adolescentes» llenan los tendidos. «En una era de entretenimiento casi ilimitado, es un gran logro», subraya el medio.
La juventud del público tiene una lectura política. Para LBC, «asociarse orgullosamente a símbolos de la España tradicional —desde llevar la bandera hasta acudir a los toros— se ha puesto de moda entre parte de la juventud de derechas». No es, sin embargo, un fenómeno uniforme ni exclusivamente ideológico. El propio Alarcón cuenta que creció «en una familia sin interés alguno por los toros» y que descubrió la vocación «tras ver un documental con 13 años». «Me gustaban las motos y los deportes extremos», recuerda; «nunca había visto un toro».
«Si intentas prohibírmelo, voy a hacerlo»
En 2018, el Comité de los Derechos del Niño de la ONU pidió a España prohibir la asistencia de menores por «exposición a la violencia». «Hasta ahora, el llamamiento ha tenido poco efecto», apunta LBC. El año pasado, además, una asociación taurina llevó al Tribunal Supremo la exclusión de los toros del bono cultural juvenil. El alto tribunal falló contra el Gobierno: la clave fue que la tauromaquia «está protegida como patrimonio cultural por legislación vigente». Para los animalistas, es un grave problema. «Mientras esta ley siga en vigor, la tauromaquia estará protegida, aunque sea un claro abuso animal normalizado», dice Yolanda Morales, del Partido Animalista.
Desde los años setenta, «plazas célebres en Barcelona, Benidorm o Santa Cruz de Tenerife han cerrado», recuerda LBC, reconvertidas en centros comerciales o culturales. Pero la cadena radiofónica tampoco pasa por alto la resistencia del oficio. Antonio López Fuentes, sastre madrileño de trajes de luces, interpreta esta pulsión juvenil como una reacción: «Piensan: “Si intentas prohibírmelo, voy a hacerlo”».