En el Mundial 2026, Trump es el cancerbero

Estados Unidos prometió una fiesta global, pero jugadores, árbitros y aficionados se enfrentan a controles, vetos y deportaciones

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«¿Pero qué hace aquí esta pelota?». Viñeta de Becs
Página Internacional

La selección de Irak aterrizó hace dos semanas en el aeropuerto O’Hare de Chicago con ganas de celebrar. Era su primer Mundial en cuarenta años. Pero Aymen Hussein, uno de los mejores futbolistas iraquíes de su generación, vio cómo sus compañeros partían hacia el campamento base mientras él quedaba retenido por funcionarios migratorios estadounidenses. Tras varias horas de interrogatorio, finalmente pudo entrar en el país.

El árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan no tuvo la misma suerte. Según The New York Times, Artan, seleccionado entre el reducido grupo de cincuenta árbitros que dirigirían partidos del Mundial, fue detenido, interrogado, encerrado en una celda y posteriormente deportado. El año pasado había sido elegido mejor árbitro de África. Participar en el torneo era, según sus propias palabras, «el mayor sueño de mi vida». Pero Estados Unidos lo declaró inadmisible por supuestos «vínculos con el terrorismo».

Andrew Giuliani, responsable del grupo de trabajo de la Casa Blanca para el Mundial, declaró a la BBC que el árbitro había estado en contacto con «personas muy terribles». «No vamos a permitir que un torneo de fútbol sea la oportunidad para que terroristas entren en el país, ni tampoco quienes mantengan relaciones con ellos», añadió.

En febrero, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino –muy cercano a Donald Trump–, aseguró que el acceso al torneo sería «fluido». «Hay muchos malentendidos ahí fuera. Todo el mundo será bienvenido en Canadá, México y Estados Unidos para la Copa Mundial de la FIFA», afirmó.

La realidad está siendo distinta. Jugadores, aficionados, periodistas y miembros de las delegaciones nacionales se han encontrado con un proceso que, en palabras de The New York Times, ha sido «de todo menos fluido». Decenas de periodistas, especialmente procedentes de África y Oriente Medio, no han recibido autorización para cubrir el campeonato. Aficionados escoceses denunciaron que sus permisos electrónicos fueron revocados pocos días antes de viajar. Hinchas de la República Democrática del Congo quedaron bloqueados por las restricciones derivadas del brote de ébola y perdieron el dinero de sus entradas.

Noventa minutos en Estados Unidos

El caso de Irán resulta todavía más llamativo. Según el medio Times Now, la selección iraní solo puede entrar en Estados Unidos los días de partido y debe abandonar el país inmediatamente después. El equipo cruza desde México por la mañana, disputa el encuentro y regresa a territorio mexicano al finalizar.

La medida obligó a la federación iraní a abandonar sus planes iniciales de concentrarse en Tucson, Arizona, y establecer su base de operaciones en Tijuana. Incluso solicitó a la FIFA trasladar todos sus encuentros a sedes mexicanas, pero la petición fue rechazada.

Washington concedió visados a los jugadores y al personal esencial, aunque dejó fuera a más de una docena de directivos y miembros del cuerpo técnico. Además, debido al régimen de sanciones vigente, la federación iraní no puede vender entradas a sus propios aficionados, incluso cuando estos disponen de visado válido para entrar en el país.

Cuando el anfitrión desconfía de sus invitados

Senegal y Uzbekistán también han denunciado incidentes. Según relata The New York Times, ambas selecciones, con una importante presencia de jugadores musulmanes, fueron sometidas a controles de seguridad poco habituales en competiciones anteriores. Los futbolistas uzbekos se sorprendieron al encontrar agentes esperándolos al bajar del autobús antes de un amistoso en Nueva York. Fueron registrados con detectores de metales y sometidos a controles adicionales. Fabio Cannavaro, seleccionador del equipo, señala que los neerlandeses, que compartían instalaciones, no pasaron por el mismo procedimiento. «Al final, el chequeo fue solo para nosotros», lamenta.

La Administración Trump insiste en que el objetivo es garantizar la seguridad. Un portavoz señaló que el presidente quiere que el Mundial sea «una experiencia increíble para todos los aficionados y visitantes», pero también «el más seguro y protegido de la historia».

Las dificultades registradas durante el torneo han encendido las alarmas de cara a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Según The Independent, los organizadores ya trabajan con las autoridades estadounidenses para evitar que se repitan los problemas de visados y acceso que están marcando el Mundial.

La presidenta del Comité Olímpico Internacional, Kirsty Coventry, afirmó estar «confiada» en que dentro de dos años podrán superarse «muchos de los desafíos» que han surgido ahora. Confía en que la experiencia sirva para corregir errores mediante «colaboración y aprendizaje».

Pero para Tanya Greene, investigadora de Human Rights Watch, el problema va mucho más allá de la logística. «Es como si la Administración Trump quisiera mantener al mundo fuera del Mundial».

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