¿Quién quiere comprar el Mundial?

Al abrir la puerta al capital privado, la FIFA desencadena una rebelión en el fútbol europeo

¿Quién quiere comprar el Mundial?
Gianni Infantino acepta pagos de cualquier forma. Ilustración de Sinisa Pismestrovic
Página Internacional

Apenas había terminado el Mundial más lucrativo de la historia cuando el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, lanzó su siguiente gran proyecto. El torneo, celebrado en Estados Unidos, México y Canadá, impulsó los ingresos de la FIFA hasta unos 15.000 millones de dólares durante el ciclo 2023–2026 –el doble que en el anterior, subraya The Economist–. Ahora, el organismo ha anunciado un plan para captar otros 4.200 millones vendiendo a inversores privados una participación en el negocio de sus competiciones.

Infantino sostiene que el dinero servirá para aumentar la financiación de las 211 federaciones nacionales. Como recoge The Guardian, estas tienen hasta el 19 de septiembre para decidir si aceptan un primer pago de 20 millones de dólares procedente del futuro acuerdo. Si prospera, el fondo de desarrollo de la FIFA superaría los 10.000 millones; si fracasa, todo volvería al actual programa de unos 2.700 millones.

La rebelión europea

Pero el anuncio ha desencadenado la mayor crisis entre la FIFA y la UEFA desde el intento de crear la Superliga europea en 2021, destaca The Athletic. «La FIFA no puede seguir utilizando nuestro deporte para enriquecerse a sí misma y a sus amigos», respondió la UEFA. En otro comunicado, añadió una frase que resume el sentir de buena parte del fútbol europeo: «El alma y la gobernanza del fútbol no están en venta, especialmente cuando no existe ninguna transparencia sobre quién obtiene los beneficios».

The Telegraph reclama directamente una «rebelión» del fútbol europeo. «Vender una parte del Mundial, que sigue siendo la competición deportiva más prestigiosa del planeta, debería provocar una respuesta abierta. Bastaría con que un puñado de grandes federaciones europeas actuaran de forma coordinada para hacer descarrilar el proyecto», sostiene.

La comparación con la Superliga resulta inevitable. Entonces fueron varios de los clubes más poderosos de Europa quienes intentaron crear una competición privada al margen de la UEFA. La reacción de aficionados, gobiernos y federaciones obligó a desmontar el proyecto en cuestión de días.

No todas las federaciones, sin embargo, comparten el rechazo europeo. The Guardian recuerda que muchas asociaciones africanas, asiáticas o caribeñas ven con buenos ojos una inyección de recursos que difícilmente obtendrían por otras vías. El problema, advierte el periódico, es que destinar más dinero a las federaciones no garantiza necesariamente que ese dinero termine invirtiéndose en el desarrollo del fútbol, especialmente en países donde los organismos deportivos arrastran un largo historial de corrupción y escasa rendición de cuentas.

El dinero entra en el fútbol

Por si fuera poco, el inversor que negocia liderar la operación es Joshua Kushner, fundador de Thrive Capital y hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump. Según The Economist, Jared no participaría en la nueva empresa, pero la relación familiar ha alimentado las críticas hacia Infantino, cuya proximidad al presidente estadounidense lleva años incomodando a parte del fútbol europeo. Algunos congresistas demócratas han llegado a calificar a la FIFA como la «empresa corrupta favorita de Trump en el deporte mundial».

La inversión se canalizaría a través de Thrive Eternal, un vehículo concebido para conservar activos durante décadas, no para revenderlos rápidamente como hacen muchos fondos de capital riesgo. Thrive también figura entre los principales inversores de OpenAI. Según The Economist, esa combinación ayuda a entender el atractivo del fútbol: en un mundo donde la inteligencia artificial automatizará buena parte del consumo de contenidos, los grandes acontecimientos deportivos en directo seguirán siendo uno de los pocos productos verdaderamente escasos y capaces de congregar audiencias globales. «Si lo miras desde la perspectiva de las cosas que seguirán siendo humanas cuando la IA sea omnipresente, el fútbol mundial es una apuesta bastante buena», resume una fuente próxima a la firma.

¿Y ahora qué?

La FIFA insiste en que nada cambiará desde el punto de vista deportivo. Sin embargo, la experiencia de otros deportes invita a pensar lo contrario. The Economist recuerda cómo Liberty Media transformó la Fórmula 1 tras adquirir sus derechos comerciales en 2017 o cómo el PGA Tour creó una rama comercial respaldada por inversores privados.

Sam Nursall, analista de Ampere Analysis, cree que el nuevo capital podría traducirse en más ayudas para las federaciones con menos recursos, pero también en una presión creciente para maximizar los ingresos: organizar Mundiales en mercados más rentables, elevar el precio de las entradas, ampliar todavía más el calendario o multiplicar el número de selecciones participantes.

Los precedentes no invitan precisamente al optimismo. Infantino ya amplió el Mundial de 32 a 48 equipos y convirtió el antiguo Mundial de Clubes en una competición global. Según The Guardian, la FIFA estudia ahora otro salto: un Mundial de 64 selecciones en 2030, una idea que ya ha provocado la oposición de la UEFA, la Concacaf y la Confederación Asiática.

La gran pregunta ya no es únicamente quién comprará una parte del negocio del Mundial, sino qué ocurrirá después. El fútbol profesional lleva décadas acostumbrado a propietarios extranjeros, fondos de inversión y operaciones multimillonarias. Los clubes cambiaron hace tiempo. Lo que ahora está en discusión es si la competición más importante del planeta debe seguir el mismo camino.

Infantino sostiene que vender una parte de la maquinaria comercial de la FIFA es «el siguiente paso natural» para fortalecer el fútbol mundial. Sus detractores responden que el Mundial no es una empresa cualquiera. Pero el presidente de la FIFA suele salirse con la suya, recuerda The Athletic: amplió el Mundial, convirtió el antiguo Mundial de Clubes en un torneo global y tensó aún más el calendario. Y muchas federaciones, aunque critiquen sus planes en privado, siguen dependiendo de los fondos que reciben de la FIFA.

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