Un Mundial con sabor a ébola

Congo celebra su clasificación en el torneo, mientras la provincia natal del héroe Tuanzebe lucha contra un brote descontrolado

Un Mundial con sabor a ébola
Axel Tuanzebe celebra uno de sus goles durante el Mundial en México. Foto: AFP
Página Internacional

La provincia congoleña de Ituri ha acaparado una atención inusual en las últimas semanas por dos razones diametralmente opuestas. Axel Tuanzebe, nacido en Bunia, la capital provincial, marcó el gol que clasificó a la República Democrática del Congo para un Mundial por primera vez en 52 años, recuerda Africa Is a Country. Hoy, la selección congoleña debutará frente a Portugal en la fase de grupos. Pero Ituri también ocupa titulares por una noticia mucho menos festiva: es una de las regiones más afectadas por un brote de ébola que circuló durante semanas sin ser detectado, según relata The New York Times.

Tras eliminar a Jamaica en Guadalajara, los aficionados mexicanos celebraron la hazaña al grito de «¡Congo, hermano, ya eres mexicano!». En Kinshasa, Goma, Bukavu y la propia Ituri, miles de personas salieron a las calles para cantar el himno nacional. «En un país amenazado por la balcanización política y la división étnica, el fútbol volvió a hacer lo que pocas cosas consiguen: recordarnos que Congo sigue siendo uno», escribe Africa Is a Country.

Pero mientras el país festejaba, el virus seguía avanzando. Cuando el ébola fue identificado oficialmente en la República Democrática del Congo y en Uganda, la magnitud de la crisis ya resultaba evidente: cientos de casos sospechosos y decenas de muertes apuntaban a una epidemia en expansión. Poco después, la Organización Mundial de la Salud declaró la emergencia sanitaria global. «Pero para entonces, el virus ya llevaba semanas circulando», subraya The New York Times.

La alarma que no sonó

El Congo dispone de sistemas de vigilancia diseñados para detectar brotes con rapidez, ha reforzado su red de laboratorios en los últimos años y acumula una dolorosa experiencia frente a algunas de las peores epidemias de ébola de la historia. Pero esta vez las alarmas no llegaron a tiempo. «La alerta se activó demasiado tarde», admite Marie-Roseline Belizaire, la médica y epidemióloga que dirige la respuesta de la OMS. 

Lo habitual es que un aumento anormal de casos sea detectado rápidamente por los servicios sanitarios o a través de informaciones locales. En esta ocasión, pasaron semanas antes de que las autoridades confirmaran que se enfrentaban a un brote de ébola.

La responsable es la variante Bundibugyo, una cepa poco frecuente para la que no existen vacunas ni tratamientos homologados. Además, las pruebas diagnósticas son difíciles de obtener. El rastreo de contactos será especialmente complicado en Ituri, una región marcada por los desplazamientos masivos provocados por el conflicto armado, la llegada constante de trabajadores atraídos por las minas de oro y las dificultades de acceso a muchas zonas rurales. El anterior brote, registrado entre 2018 y 2020, fue el segundo más mortífero de la historia de la enfermedad.

La limitada capacidad diagnóstica también contribuyó al retraso. Los equipos disponibles en Ituri solo detectaban la variante más común, Zaire, por lo que los primeros análisis arrojaron resultados negativos. Cuando las muestras llegaron finalmente a Kinshasa, los especialistas identificaron la presencia de ébola Bundibugyo. «Nuestro sistema de vigilancia no funcionó», reconoció Jean-Jacques Muyembe, director general del Instituto Nacional de Investigación Biomédica. «Algo falló y por eso nos encontramos en esta situación catastrófica».

Un punto de inflexión

Para Africa Is a Country, la cuestión es qué puede significar esta clasificación mundialista para un país que atraviesa uno de sus momentos más delicados. La alegría de Guadalajara fue auténtica: el vuelo fletado por el Gobierno, la llegada a México, la hospitalidad de los anfitriones y la inesperada familiaridad con una ciudad que, según muchos jugadores, les recordaba a su propio país. «Si ellos viven así, ¿por qué no nosotros?», se preguntaban.

El gol de Tuanzebe llegó en el minuto 99, después de que dos tantos de Cédric Bakambu fueran anulados. «No fue un gol bonito, pero eso no importó», escribe el medio. Nacido precisamente en Bunia, el defensa regaló a una nación acostumbrada a resistir «un momento de liberación colectiva», en medio de la emergencia sanitaria.

Pero el éxito deportivo también revela algunas de las debilidades del país. De los 26 jugadores convocados, solo cinco se formaron futbolísticamente en Congo. «Nuestra diáspora sostiene a nuestra selección», escribe la revista. Es una fortaleza, pero también «un síntoma de problemas estructurales profundos». 

En un país de más de cien millones de habitantes, el talento abunda, pero escasean las infraestructuras, los entrenadores cualificados y los sistemas de detección. La clasificación debería convertirse en «un punto de inflexión». Aunque, igual que ocurre en el ámbito sanitario, muchas de las estructuras que sostienen al país siguen descansando sobre apoyos externos.

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