¿Allô? Cuando París prohíbe las llamadas comerciales, una crisis se desata en Rabat

La ley que libra a los franceses del telemárketing intrusivo amenaza decenas de miles de empleos en Marruecos

¿Allô? Cuando París prohíbe las llamadas comerciales, una crisis se desata en Rabat
Agentes atienden llamadas en un centro de atención telefónica de Rabat. Foto: Abdelhak Senna | AFP
Página Internacional

Desde esta semana, llamar a un francés para venderle algo sin su permiso es ilegal. La nueva ley invierte la lógica vigente desde 2016: ya no es el consumidor quien debe apuntarse a una lista para librarse del telemarketing, sino la empresa la que debe demostrar que obtuvo un consentimiento «libre, específico, informado e inequívoco» antes de descolgar, explica Le Monde. Solo sobreviven dos excepciones: que exista un contrato en vigor o que el cliente haya dado un consentimiento explícito, revocable en cualquier momento.

Detrás de la reforma hay años de hartazgo. Un 38% de los franceses asegura recibir llamadas comerciales no deseadas todos los días, recuerda Le Figaro. En 2024, once organizaciones de consumidores denunciaron en un manifiesto conjunto «un acoso incesante, una intrusión que se ha convertido en parte habitual de la vida cotidiana». Las multas –de hasta 375.000 euros por llamada para las empresas– pretenden que esa frase deje de describir la vida cotidiana en Francia.

La factura marroquí

Lo que en París se celebra como una victoria para los consumidores se ha recibido en Marruecos –donde se concentra buena parte de los call centers que atienden al mercado francés– como un golpe de enorme magnitud. «Es un cambio de reglas que podría tener repercusiones dramáticas», advertía el semanario TelQuel el mismo día de la entrada en vigor de la ley.

«El mercado francés representa históricamente más del 80% de la actividad de los centros de relación con el cliente ubicados en Marruecos», explicaba Youssef Chraïbi, presidente de la Federación Marroquí de la Externalización de Servicios, al diario Le Matin. Aun así, matizaba que el segmento directamente afectado –el telemarketing saliente– «ya no representa hoy más que entre el 15% y el 20% de la actividad total del sector».

Ayoub Saoud, secretario general de la Federación Nacional de Centros de Llamadas y Oficios del Offshoring, discrepa. «Es un segmento que muchos subestiman, pero constituye el núcleo del negocio de un gran número de pequeñas y medianas empresas», declaró a Le360.

Rachid, empleado de un centro especializado en vender contratos de ahorro energético al mercado francés, describe al mismo diario un deterioro que ya había comenzado antes de la nueva normativa: «De cada cien números que nos daban, cuarenta o cincuenta estaban ya en la lista de exclusión. Mi tasa de conversión se desplomó, y mis primas con ella». Ahora el efecto se multiplicará. 

Una economía sobre una sola pierna

El diario marroquí Libération –homónimo del célebre rotativo francés– desplaza el foco de la ley a las debilidades del propio modelo económico. Describe a los trabajadores amenazados como «jóvenes, en su mayoría, que encontraron en estas plataformas telefónicas un empleo estable, un salario regular, a veces su primera oportunidad real en el mercado laboral».

Y plantea la pregunta que, a su juicio, realmente importa: «La verdadera cuestión no es saber cuántos empleos se perderán, sino comprender por qué Marruecos dejó que un sector entero se construyera sobre una sola pierna», sin diversificar de verdad hacia otros mercados ni otros idiomas.

«Quizá haya llegado el momento de que esta crisis actúe por fin como un detonante», concluye el editorial. «El despertar será brutal, pero necesario».

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