China está reinventando la fábrica del mundo
El gigante podría acaparar el 45% de la manufactura global en 2030. El resultado inevitable será una escasez del empleo para los demás

El colosal superávit comercial de China, que ya supera el billón de dólares anual, plantea dilemas de primer orden para la política macroeconómica y comercial. Pero, más allá de las respuestas coyunturales, resulta imprescindible calibrar las consecuencias más profundas del poderío manufacturero chino sobre el empleo y los precios relativos a escala global.
La estrategia «Made in China», lanzada en 2015 con el objetivo de conquistar el liderazgo en sectores industriales de vanguardia, ha cosechado un éxito asombroso. La Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial calcula que, de mantenerse el ritmo actual, la cuota de China en el valor añadido manufacturero mundial –que pasó del 6% en 2000 al 30% en 2020– podría alcanzar el 45% en 2030. El gigante asiático produce casi el 75% de los vehículos eléctricos vendidos en todo el mundo y el 86% de los paneles solares. Y aunque todavía va a la zaga de Occidente en semiconductores y aviación comercial, está recortando distancias a paso de gigante.
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