Al fin, Europa ha recuperado el coraje
Parece que los excesos de Trump han acabado forjando la unidad continental
Cuando Donald Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025, los países europeos optaron al principio por el apaciguamiento. Ante un Washington beligerante –dispuesto a retirar el paraguas de seguridad estadounidense, respaldar a Vladímir Putin en una paz injusta para Ucrania, imponer aranceles punitivos a las exportaciones europeas y apoyar a los partidos de extrema derecha en el extranjero–, los líderes europeos se convencieron de que la adulación y la contención eran la mejor respuesta. Evitaron la confrontación, aceptaron la humillación y confiaron en que, si daban a Trump suficiente de lo que él quería, podrían preservar lo esencial de la relación transatlántica.
Durante un tiempo, esa estrategia pareció tener cierta lógica. Europa seguía dependiendo de Estados Unidos para su seguridad. Ucrania, todavía en guerra con Rusia, necesitaba armas e inteligencia estadounidenses. Las economías europeas parecían demasiado frágiles, y la política interna del continente estaba demasiado dividida como para arriesgarse a una guerra comercial abierta con Washington. Además, mientras los partidos de extrema derecha seguían ganando terreno, muchos líderes de la UE temían que una confrontación directa con Trump solo fortaleciera a sus admiradores europeos. Pese a todo, como ya advertimos en estas páginas a principios de año, el apaciguamiento tuvo un coste considerable.
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