Arabia Saudí quiere atraer inversores. Los hutíes tienen otros planes

Los ataques contra el aeropuerto de Riad y las instalaciones de Aramco amenazan con arruinar el gran escaparate internacional del reino

Arabia Saudí quiere atraer inversores. Los hutíes tienen otros planes
Ilustración de Osama Hajjaj
Página Internacional

Las imágenes de la televisión estatal saudí mostraban a peregrinos haciendo cola junto a una puerta de embarque, camino de los dos lugares más sagrados del islam, cuando «un destello de un naranja intenso hizo que la gente echara a correr, presa del pánico», mientras parte del techo «parecía venirse abajo», describe el diario saudí Arab News. Era la cuarta vez en apenas cinco días que los misiles de los hutíes, lanzados desde el vecino Yemen, alcanzaban el aeropuerto internacional Rey Khalid de Riad.

Según el recuento de The National, los ataques han dejado ya al menos veinte muertos, trece de ellos extranjeros. The Economist describe el bombardeo del 10 de octubre como «el peor sobre el reino en más de una década». «Las operaciones del aeropuerto han quedado suspendidas temporalmente hasta completar la evaluación de daños», anunció la autoridad de aviación civil saudí, según recoge el medio saudí Sabq.

El Davos en el desierto peligra

La escalada no es un hecho aislado: los hutíes –un movimiento de orientación islamista chií, respaldado por Irán– siguen controlando buena parte de Yemen (incluida la capital, Saná) pese a la intervención militar saudí de 2015. El alto el fuego que mantenían desde 2022 se volvió insostenible tras el estallido, en febrero, de una guerra más amplia entre Estados Unidos, Israel e Irán, explica The Economist. El mes pasado, los rebeldes se apoderaron de buena parte de la costa suroeste de Yemen, incluido el puerto de Moka. La contraofensiva saudí avanza lentamente y se ha detenido cerca de Dhubab, a unos 50 kilómetros de Moka, mientras los hutíes intentan cercar Taiz, la tercera ciudad del país.

Los ataques llegan en un momento especialmente delicado para Riad. A finales de octubre, la capital saudí tiene previsto acoger su gran cita anual con el capital internacional: la Future Investment Initiative, el foro que el príncipe heredero Mohamed bin Salmán organiza cada año y que la prensa ha bautizado como «Davos en el desierto». Pese a los bombardeos, sus organizadores han confirmado que el encuentro seguirá adelante del 26 al 29 de octubre.

La inquietud, sin embargo, ya se refleja en las conexiones aéreas. Según el diario económico de la región Enterprise, varias grandes aerolíneas, entre ellas Qatar Airways, Turkish Airlines, Lufthansa y EgyptAir, han suspendido sus vuelos a Riad. Solo las compañías saudíes mantienen su actividad habitual. Phil Miles, de la consultora Kroll, explica al Financial Times que las empresas están «aplazando sus decisiones» hasta el último momento posible.

Las opciones de Riad se estrechan

Arabia Saudí dispone de sistemas antimisiles THAAD y Patriot, pero, como otros países de la región, empieza a quedarse sin interceptores tras casi ocho meses de guerra, subraya The Economist. El reino ha buscado apoyos entre sus aliados: ha invocado un pacto de defensa mutua firmado en agosto con Pakistán y Turquía, mientras Reino Unido ha enviado un avión cisterna y Francia ha prometido tropas para proteger un puerto petrolero estratégico en el mar Rojo. 

Por su parte, Trump, que hasta ahora había rechazado las peticiones del príncipe heredero para que Estados Unidos bombardeara directamente a los hutíes, ha dejado abierta la posibilidad de reconsiderar su postura tras los ataques al aeropuerto.

Fuentes que han tratado recientemente con Mohamed bin Salmán aseguran que está decidido a recuperar el territorio perdido durante la ofensiva hutí del mes pasado. Lo que no está tan claro es si dispone de una estrategia más amplia. «Si tienen objetivos claros más allá de eso, no lo sé», reconoció un alto funcionario occidental consultado por el semanario británico.

Trump mira al precio del petróleo

El lunes, durante un congreso energético celebrado en Riad, el propio ministro de Energía saudí, el príncipe Abdulaziz bin Salmán, reconoció que la ola de ataques «ha puesto a prueba nuestras infraestructuras, nuestras instituciones, nuestra gente y nuestra resiliencia». También advirtió, señala Kuwait Times, que «la seguridad energética no puede darse por sentada» y que «nuestra respuesta debe ser igual de seria».

Apenas un día después, los hechos le dieron la razón de la peor manera: misiles y drones hutíes alcanzaron las propias oficinas de Aramco, la gran petrolera que constituye uno de los pilares económicos del reino. Un funcionario del Ministerio de Energía saudí informó de un «incendio limitado» que no causó víctimas, informa Euronews.

Horas antes, la defensa civil saudí había comunicado que los restos de dos misiles interceptados sobre Riad habían herido a cuatro personas y dañado quince viviendas. Los habitantes de la capital recibieron además una alerta en sus teléfonos que advertía de que la ciudad «afronta una amenaza aérea hostil».

Trump reaccionó como ha hecho durante el resto de la crisis: desde Truth Social. Escribió que los hutíes «se están portando muy mal» y que creía que «habían aprendido la lección hace un año, cuando les bombardeamos sin piedad». Atribuyó sus acciones a Irán, al que describió como «una nación en quiebra», y acusó al grupo de intentar «subir los precios del petróleo a propósito, probablemente antes de las elecciones en Estados Unidos». Le pareció una maniobra «poco amable».

Por su parte, Arabia Saudí ha respondido con bombardeos contra instalaciones petroleras en el oeste de Yemen. El portavoz de la coalición liderada por el reino, Turki al-Maliki, aseguró que los objetivos eran infraestructuras utilizadas para «sostener el esfuerzo bélico» de los hutíes.

Pero lo que más preocupa a Riad es que los rebeldes han cambiado de blanco: ya no se limitan al frente de batalla yemení, sino que golpean la capital saudí. Para The Economist, la ofensiva busca forzar una negociación cuyo precio Arabia Saudí todavía no ha decidido pagar: un acuerdo exigiría concesiones económicas y el levantamiento del bloqueo aéreo sobre Yemen. Esto dejaría una conclusión inquietante para los diplomáticos occidentales: «Los hutíes sabrían que los ataques contra infraestructura civil son una forma eficaz de chantaje».

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