Irlanda, el flanco descubierto de Europa
La isla, fuera de la OTAN y por cuyas aguas pasan gran parte de los cables transatlánticos, teme ataques híbridos de Rusia

Desde marzo, la Armada británica tiene permiso para abordar y retener a los petroleros de la flota fantasma rusa, los buques de propiedad opaca con los que Moscú sortea las sanciones a su crudo. «Vamos a por su flota fantasma con más dureza todavía», anunció hace unos meses el ex primer ministro Keir Starmer. En junio, los Royal Marines abordaron en el canal de la Mancha el primero de estos petroleros, cargado con más de 100.000 toneladas de petróleo ruso, según informó la web especializada Navy Lookout.
Desde entonces, los buques que transportan crudo ruso sancionado han comenzado a dar un rodeo por el oeste de Irlanda «en lugar de tomar la ruta más rápida», informa The Irish Times. Entre enero y septiembre, la Armada irlandesa vio triplicarse el tráfico de estos barcos respecto al mismo periodo de 2025. El desvío no es casual: Irlanda es un país neutral que no pertenece a la OTAN.
El punto débil de Europa
Con apenas ocho patrulleras, Irlanda debe vigilar el 16% de las aguas de la UE, por donde pasan buena parte de los cables transatlánticos. Y, a diferencia de sus vecinos, el país no está protegido por la cláusula de defensa colectiva de la Alianza Atlántica. «Si quisieras presionar a la UE sin riesgo de represalia de la OTAN, vendrías a Irlanda», resume para The Wall Street Journal un antiguo oficial de las fuerzas especiales irlandesas.
La importancia estratégica de Irlanda es considerable, señalan los expertos en seguridad citados por The Boston Globe. Además de los cables transatlánticos, en su territorio tienen su sede europea Apple, Google, Meta y otras multinacionales tecnológicas. La economía irlandesa «ha apostado por la globalización en tiempos de paz y se ha consolidado como una base europea para empresas mayoritariamente estadounidenses», explica Elisabeth Braw, investigadora principal del Atlantic Council.
«Pero este entorno debe seguir funcionando cuando las cosas dejen de ir bien en el mundo, e Irlanda no está preparada para esa eventualidad», advierte en The Wall Street Journal. La preocupación ha aumentado tras una sucesión de incidentes en el mar Báltico, donde varios buques de la flota fantasma rusa son sospechosos de haber arrastrado sus anclas durante kilómetros para dañar cables submarinos.
A oscuras bajo el Atlántico
Hace poco, frente a las costas irlandesas, un avión militar observó a un carguero ruso soltar el ancla cerca de uno de estos cables. No se pudo determinar si se trataba de un intento de sabotaje o de una maniobra accidental. Sin sistemas de detección submarina, la Armada irlandesa sigue «literalmente perdida en la oscuridad», reconocía uno de sus oficiales al Irish Examiner.
Aunque el Gobierno irlandés ha elevado el presupuesto de Defensa para 2027 a una cifra récord, este apenas representa el 0,3% del PIB, frente al objetivo del 5% que los países de la OTAN se han comprometido a alcanzar en 2035.
Tal vez por ello, Dublín busca reforzar la cooperación con sus vecinos. A finales de septiembre, Irlanda y el Reino Unido realizaron por primera vez un ejercicio conjunto para responder a un ataque contra las infraestructuras submarinas de datos. Además, el Gobierno irlandés ha firmado este año acuerdos de cooperación en defensa con Londres y París, que prevé ampliar a la vigilancia marítima, explica el Irish Examiner.
«De tanto dormitar, despertamos en la situación de seguridad más compleja imaginable. En resumen, estamos indefensos», resume en el mismo periódico David Murphy, historiador militar de la Universidad de Maynooth.
El precio de la neutralidad
A ello ha contribuido en gran parte la histórica neutralidad irlandesa en política exterior, que sigue contando con un amplio respaldo político. El país se ha mantenido neutral desde 1939, incluso durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Winston Churchill llegó a ofrecerle la reunificación de la isla a cambio de entrar en el conflicto. En 1949, Irlanda también rechazó participar en la fundación de la OTAN.
Esa tradición ha permitido a los sucesivos Gobiernos mantener uno de los presupuestos de defensa más bajos de Europa en proporción al PIB. «La neutralidad, así como la oposición a la guerra y al imperialismo, es inseparable de la esencia de este país», defiende en The Wall Street Journal un diputado del partido de izquierdas People Before Profit, para quien la amenaza militar rusa es «francamente ridícula».
Sin embargo, incluso Suecia y Finlandia, países no alineados durante décadas, optaron siempre por mantener unas fuerzas armadas sólidas. Tobias Billström, ministro de Exteriores sueco cuando su país ingresó en la OTAN, considera que Irlanda debería seguir el ejemplo de Estocolmo, algo que a día de hoy no parece probable. «Irlanda ha hecho el diagnóstico correcto –apunta–, pero hasta la fecha se niega a recibir tratamiento».