La diplomacia del surtidor de Donald Trump
La tregua entre Rusia y Ucrania apenas habrá durado unas horas, si es que llegó a existir

El domingo, Donald Trump anunció en Truth Social, con las mayúsculas que reserva para sus declaraciones más solemnes: «Con efecto inmediato, hay un ALTO EL FUEGO ENERGÉTICO en la guerra entre Rusia y Ucrania». Y añadió una advertencia: «Ambas partes lo han acordado. ¡No lo rompan!». El problema, señala Axios, es que no estaba claro que las dos partes implicadas hubieran aceptado realmente el acuerdo. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, reconoció que el anuncio «fue una noticia para mí», aunque dejó abierta la puerta a una tregua: «Si los rusos aceptan un alto el fuego energético, Ucrania lo aceptará».
Pero la supuesta tregua apenas sobrevivió al anuncio. Al día siguiente, Zelenski denunció que Rusia había atacado seis instalaciones energéticas ucranianas y advirtió de que Kiev seguiría golpeando objetivos en territorio ruso mientras Moscú no aceptara el acuerdo. No es la primera vez que Washington proclama una tregua energética que se desvanece casi de inmediato, recuerda The Economist. En marzo de 2025, Estados Unidos ya anunció una pausa de 30 días en los ataques contra infraestructuras energéticas, que pronto quedó enterrada bajo acusaciones cruzadas de incumplimiento. Un precedente que ayuda a explicar el escepticismo de Kiev ante el anuncio del domingo.
Lo cierto es que Trump lleva tiempo presionando a Ucrania para que deje de atacar las instalaciones energéticas rusas, y esa presión se ha intensificado conforme se acercan las elecciones legislativas estadounidenses. El pasado 13 de septiembre, recuerda The Kyiv Independent, el presidente estadounidense fue especialmente explícito: «El señor Zelenski tiene que hacer una cosa. Tiene que dejar de bombardear las refinerías de diésel en Rusia».
Un regalo de cumpleaños
El viernes pasado, Trump anunció una decisión que ha indignado a Ucrania: permitir que Rusia suministre de inmediato más de 300.000 toneladas de diésel a los mercados estadounidense y mundial, levantando las restricciones que pesaban sobre ese combustible. Zelenski lo ha calificado de «regalo de cumpleaños para Putin».
Incluso en Washington, la decisión ha provocado una reacción poco habitual: senadores republicanos y demócratas han unido fuerzas para acusar a la Casa Blanca de vulnerar la legislación estadounidense. «El Congreso prohibió explícitamente las importaciones de energía rusa en 2022», han recordado en una carta conjunta en la que exigen que «la Administración revierta su decisión de inmediato». El congresista republicano Brian Fitzpatrick ha ido un paso más allá y ha anunciado una iniciativa legislativa bipartidista, bautizada en honor a Ronald Reagan, para bloquear cualquier compra de petróleo ruso.
Mover las sillas del Titanic
Mientras tanto, no está claro que las maniobras de Trump vayan a conseguir su principal objetivo: abaratar el combustible antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre. Con la gasolina convertida en un problema político de primer orden para los republicanos y la aprobación de la gestión económica del presidente en mínimos, la Casa Blanca busca desesperadamente contener los precios.
La semana pasada, Trump ya consiguió que sus socios del G7 se comprometieran a liberar 100 millones de barriles de petróleo y productos refinados a través de la Agencia Internacional de la Energía. Un acuerdo que puede no ser tan significativo, apunta Euronews: no se trataría de una nueva inyección de petróleo en el mercado, sino del tramo final de una liberación de reservas que la propia Agencia ya puso en marcha en marzo.
Para Michael Lynch, de la Energy Policy Research Foundation, estas medidas son «como mover las sillas de cubierta del Titanic». En el mejor de los casos, explica a Fortune, «se podría esperar una pequeña caída puntual de precios». Daniel Sternoff, del Center on Global Energy Policy de la Universidad de Columbia, coincide en que el volumen adicional de combustible ruso es demasiado pequeño para alterar significativamente un mercado en el que el suministro de productos refinados, como el diésel, se ha reducido aproximadamente a la mitad desde el comienzo de la guerra con Irán y el cierre del estrecho de Ormuz.
Y el tiempo se agota. A tres semanas de las elecciones, los republicanos afrontan un panorama cada vez más complicado. Según recoge The Washington Post, los demócratas aventajan en unos ocho puntos a los republicanos en las encuestas nacionales de intención de voto al Congreso, aunque los sondeos podrían estar subestimando de nuevo el apoyo a Trump. La guerra con Irán, el encarecimiento de la energía y el descontento económico han convertido unas elecciones que ya se anunciaban difíciles para el partido del presidente en una prueba especialmente exigente. Y, por ahora, ni las concesiones a Putin ni los anuncios de treguas parecen capaces de resolver el problema.