Putin y Kim Jong-un, unidos por la guerra

Soldados, armas y trabajadores estrechan una alianza que ha convertido el conflicto de Ucrania en un gran negocio para Pionyang

Putin y Kim Jong-un, unidos por la guerra
Inauguración del puente Yakov Novichenko, el pasado 7 de septiembre. Foto: TASS
Internazionale, Italia
Elsa Castelli

El pasado 7 de septiembre, un Zaporozhets rojo encabezó la caravana inaugural de vehículos que cruzó por el lado ruso el nuevo puente sobre el río Tumen, en la frontera entre Rusia, Corea del Norte y China. El pequeño automóvil soviético había pertenecido a Yakov Novichenko, el oficial del Ejército Rojo que da nombre al puente, la primera conexión por carretera entre Rusia y Corea del Norte.

En 1946, durante un mitin en Pionyang, Novichenko se arrojó sobre una granada lanzada contra Kim Il-sung, primer jefe de Estado de Corea del Norte y abuelo del actual dirigente, Kim Jong-un. Sobrevivió, aunque sufrió heridas graves, recuerda el medio independiente Meduza, que recoge una información de la agencia rusa TASS.

Hasta el mes pasado, Rusia y Corea del Norte solo estaban conectadas por tierra mediante un puente ferroviario construido en 1959, precisa la agencia Reuters. El nuevo puente tiene un kilómetro de longitud y ha costado nueve mil millones de rublos (unos 90 millones de euros), informa The Moscow Times, que también recoge el temor de algunos observadores: podría servir para trasladar armas y soldados.

El acuerdo para construirlo se firmó en junio de 2024, durante la visita del presidente ruso, Vladímir Putin, a Pionyang, junto con un tratado de defensa mutua. Fue precisamente ese tratado, explica Meduza, el que después permitió a Kim Jong-un enviar soldados a combatir junto a las fuerzas rusas contra Ucrania.

Desde entonces, las relaciones entre Moscú y Pionyang se han estrechado. En agosto, con motivo del aniversario de la liberación del dominio japonés, Putin envió a Kim un mensaje de felicitación, y este respondió ensalzando su «historia de lucha común por la justicia».

Trece mil soldados para Putin

A finales de 2024, unos trece mil militares del Cuerpo Tormenta, la élite de las fuerzas armadas norcoreanas, ayudaron al ejército ruso a repeler la ofensiva ucraniana en la región de Kursk. Fue el mayor contingente que Pionyang había enviado jamás a combatir en el extranjero, recuerda la BBC, y las pérdidas fueron enormes: tres mil muertos según los servicios de inteligencia ucranianos y hasta dos mil según los surcoreanos, citados por The New York Times.

«Empezaban con un gran grupo de asalto, luego enviaban a otros quince o veinte hombres, y después a más», contó a la BBC un soldado ucraniano. En los cuerpos de los norcoreanos muertos, añadió, no había documentos ni efectos personales, solo munición. Dos soldados fueron capturados con vida: muchos prefirieron matarse con una granada antes que rendirse, un gesto que Kim ensalzó como heroico.

Sin embargo, en 2025, soldados ucranianos recuperaron planes de despliegue, instrucciones e informes del frente entre las pertenencias de un oficial norcoreano hallado muerto en Kursk. Esos documentos, obtenidos por la ONG estadounidense Human Rights Foundation, cuentan una historia distinta de la que difunde la propaganda, señala The New York Times.

Describen a soldados bajo una lluvia de fuego de artillería y ataques de drones; a compañeros alcanzados mientras intentan socorrer a los heridos; y a vehículos rusos de evacuación que a menudo tardan más de diez horas en llegar. «Como los heridos no fueron trasladados a tiempo, varios combatientes fueron sacrificados durante la evacuación», se lee en uno de los documentos.

Según la inteligencia militar ucraniana, unos 8.500 soldados norcoreanos siguen en Rusia, vigilando la frontera en la región de Kursk, informa la BBC. En agosto, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, advirtió de que su número podría ascender a cincuenta mil, una posibilidad que Kim Yo-jong, hermana del dirigente norcoreano, calificó de «completamente infundada».

Lo que está claro es que Moscú necesita hombres: cada mes pierde unos seis mil soldados más de los que logra reclutar, según estimaciones de los servicios de inteligencia occidentales y ucranianos.

La guerra, un negocio para Pionyang

Para Pionyang, la guerra es un negocio. Lim Soo-ho, investigador del Instituto de Estrategia de Seguridad Nacional, un centro de estudios financiado por el Gobierno surcoreano, ha calculado para la BBC que, en dos años y medio, Corea del Norte ha ingresado casi diez mil millones de dólares por el suministro de armas y tropas: un tercio de su PIB anual. A cambio, también recibe alimentos y petróleo y, según explica en Forbes la politóloga Natasha Lindstaedt, de la Universidad de Essex, tecnologías sensibles, como reactores para submarinos nucleares y drones.

La economía norcoreana lleva tres años creciendo al menos un 3% anual, pero esa recuperación se sostiene sobre la explotación sistemática de la población, observa The New York Times.

Las sanciones de la ONU prohíben contratar a trabajadores norcoreanos, pero Moscú las elude mediante visados de estudiante: en 2025, recuerda el diario neoyorquino, concedió unos 36.000, cuatro veces más que el año anterior. Hasta 25.000 norcoreanos trabajan en la industria rusa de drones, informa Bloomberg. Así lo denuncia un informe del grupo de países que supervisa el cumplimiento de las sanciones contra Pionyang.

Trabajar veinte horas al día para el régimen

Lee Eun-pyong, un exsargento enviado a Moscú ya en 2017, figuraba como estudiante universitario, pero trabajaba de albañil. «Ni siquiera sabíamos dónde estaba el centro educativo», contó a The New York Times. Quienes han logrado escapar hablan de jornadas desde las seis de la mañana hasta las dos de la madrugada, con dos días libres al año, bajo la vigilancia de los servicios secretos de Pionyang. A los trabajadores les quedan entre cien y doscientos dólares al mes, que solo cobran al regresar a su país, señala Novaya Gazeta Europe, citando una investigación.

Algunos intermediarios rusos ya ofrecen abiertamente trabajadores norcoreanos en internet. En Avito, el sitio de anuncios en línea más popular de Rusia, una agencia de Moscú ofrece los servicios de cuarenta mujeres, especialmente hábiles en la preparación de kimbap, los rollos de arroz coreanos, por unos seis dólares la hora y capaces de trabajar turnos de once horas, cuenta el medio especializado NK News. La única condición es que el grupo no se divida, para poder vigilarlo mejor.

Casi todo el dinero de sus salarios irá a parar a otras manos: Peter Ward, experto en economía norcoreana del Instituto Sejong de Seúl, estima que entre el 75% y el 90% de los ingresos acabará en manos de intermediarios, funcionarios y el Gobierno.

Para algunas administraciones rusas, sin embargo, el coste es demasiado elevado. El alcalde de Oremburgo, Albert Yumadílov, quería contratar a trabajadores norcoreanos para limpiar las calles, pero tuvo que desistir: no estaban dispuestos a ir por los 55.000 rublos mensuales (unos 580 euros) que podía ofrecer el ayuntamiento. «Trabajan como robots, lo he visto con mis propios ojos», afirmó. En su lugar, el municipio contrató a 31 trabajadores senegaleses.

De Pekín a Moscú

Los vínculos con Moscú han reducido la dependencia de Pionyang respecto de China, observa la BBC. En dieciocho meses, recuerda Lindstaedt, se han producido 23 visitas de alto nivel entre Moscú y Pionyang, frente a solo ocho entre Pekín y Pionyang. China tiene dos motivos para inquietarse: perder influencia sobre un vecino imprevisible y que un régimen norcoreano más fuerte empuje a Corea del Sur y Japón a acercarse aún más a Estados Unidos.

Mientras tanto, en Rusia, la alianza llega ya a las aulas: el libro de texto único de historia incluirá el papel de los norcoreanos en Kursk, informa Meduza. Además, el correo ruso ha restablecido el servicio con Pionyang, suspendido hace seis años por la pandemia.

Los rusos también empiezan a mirar a Corea del Norte con otros ojos: según las encuestas del centro independiente Levada citadas por Forbes, hoy un tercio de los rusos considera a Pionyang un aliado cercano; en 2021, apenas el 3% de los encuestados compartía esa opinión.

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