¿Qué buscan los narcos mexicanos en Ucrania?
La guerra ha convertido el país en la gran escuela mundial de drones. Y los cárteles no quieren quedarse fuera

Un vídeo de apenas 24 segundos muestra a varios hombres con uniforme militar en una zona boscosa, presuntamente en Ucrania. Uno de ellos se identifica con «la Chapiza» y el «Cártel Jalisco», antes de que el grupo mande saludos a México, Colombia y Panamá.
Nadie ha verificado todavía la identidad de los hombres ni el lugar donde se grabaron las imágenes, pero el vídeo aparece apenas unas semanas después de que The Washington Post revelara que, según fuentes del Gobierno estadounidense, los cárteles mexicanos están reclutando a latinoamericanos que regresan de combatir en Ucrania. En otros casos, «envían allí a sus propios hombres con contratos de un año y amenazan a sus familias para asegurarse de que regresen».
La pista ucraniana
El Post recuerda que los ataques con drones ya son una realidad en México: el pasado julio se registraron varios en el estado de Guerrero, atribuidos al cártel La Nueva Familia Michoacana. Según el diario, al menos una organización criminal del país dispone de aparatos capaces de transportar más de 68 kilos –un peso considerable–. Otro grupo habría llegado incluso a enviar personal a China para «comprar drones que pueden equiparse con rifles».
Tampoco son nuevas las sospechas de que la guerra en Ucrania está alimentando esta escalada. El año pasado, la publicación francesa Intelligence Online reveló que el Centro Nacional de Inteligencia de México había alertado a los servicios ucranianos sobre un mexicano registrado como «Águila-7», que utilizaba documentación salvadoreña falsa. Su destreza durante un curso de drones en Lviv despertó sospechas sobre el resto de su grupo.
Otra fuente del servicio secreto ucraniano (SBU), citada por el digital local Gordon, aseguró que algunos reclutas latinoamericanos buscaban «dominar la habilidad de destruir personas mediante drones» para vender después ese conocimiento «a quien pague más». La Casa Blanca ha confirmado a The Washington Post que coopera con las autoridades mexicanas y ucranianas para «limitar la transferencia de conocimiento del campo de batalla» y frenar el uso criminal de drones.
Una década de ojos en el cielo
En realidad, los cárteles llevan «más de una década» empleando aparatos comerciales «para una amplia variedad de propósitos»: vigilar los movimientos de las fuerzas de seguridad y de sus rivales, así como a la población de los territorios que controlan, explica al medio de periodismo de investigación OCCRP Vanda Felbab-Brown, investigadora de la Brookings Institution.
En 2024, el general Gregory M. Guillot, jefe del Comando Norte de Estados Unidos, estimó ante el Congreso que cerca de mil drones cruzaban cada mes desde México con fines de vigilancia o contrabando. Pero desde entonces su uso no ha dejado de desarrollarse.
Según Infobae, los cárteles han pasado de utilizar modelos comerciales a fabricar sus propios aparatos para entregar droga con precisión en zonas fronterizas y, cada vez más, dentro de las cárceles mexicanas. El auge de las drogas sintéticas –metanfetamina y fentanilo– favorece esta vía: pesan poco y valen mucho.
El salto a los drones de guerra
Ahora, el uso de drones FPV (siglas de First Person View, o «vista en primera persona») por parte de organizaciones como el Cártel Jalisco Nueva Generación supone «otro paso significativo» en la modernización de estos actores no estatales, asegura a The War Zone Stefano Ritondale, jefe de inteligencia de una firma que monitoriza con herramientas de inteligencia artificial la violencia de los cárteles mexicanos.
Pilotar uno de estos aparatos «no es algo que se aprenda poniéndose unas gafas y un mando», señala otro experto consultado por el mismo medio: se parece más «a volar una aeronave de verdad» y exige horas de entrenamiento. Para Ritondale, el salto era cuestión de tiempo: «Esto es algo que muchos observadores de los cárteles llevaban tiempo esperando, y por fin ha pasado».