La muerte que sacude al Reino Unido
El asesinato de Henry Nowak abre un debate nacional sobre el «racismo inverso» y agita a la ultraderecha

Hace ya seis meses que Henry Nowak, un estudiante de 18 años, fue asesinado en Southampton por Vickrum Digwa, un británico sij de 23 años, con la daga –o kirpan– cuyo porte es habitual en la comunidad religiosa. Ahora, la condena del autor del crimen a cadena perpetua ha reabierto con fuerza un debate nacional sobre identidad y el papel de la policía.
Detrás de la polémica se encuentran la falsa acusación de Digwa de que el apuñalamiento respondió a un ataque racista previo por parte de la víctima, y el hecho de que la policía creyese inicialmente la versión del joven sij.
El vídeo de los últimos minutos de Nowak es «horripilante», escribe The Guardian. En las imágenes –con reminiscencias evidentes del caso de George Floyd en 2020– se ve a los agentes esposando al joven apuñalado mientras repite que no puede respirar. Un policía le pregunta dónde lo han apuñalado y después añade: «No creo que te hayan apuñalado, colega». Nowak fue informado de que quedaba detenido por agresión cuando ya parecía no responder.
A la salida del tribunal que dictó sentencia, el padre de Henry Nowak resumió el sentimiento que se ha convertido en el centro moral del caso: «Henry no murió con dignidad. No murió con el cuidado que merecía». También le pidió perdón a su hijo: «Siento mucho haber permitido que esto ocurriera».
Días de rabia
Nigel Farage, líder del partido populista de derechas Reform UK, que encabeza las encuestas electorales, ha avivado los ánimos pidiendo «pura ira fría» y proclamando que «las vidas blancas importan». Sus palabras han encendido un debate sobre los llamados sesgos inversos, que colocarían en situación de sospecha permanente a los hombres heterosexuales y a las personas no racializadas frente a la cultura del «wokismo» y la corrección política.
En el diario conservador The Telegraph, una de sus principales plumas, Allison Pearson –que dijo llorar mientras relataba la muerte de Henry Nowak–, carga las tintas contra el cuerpo de policía y denuncia que el joven murió bajo custodia porque, según ella, «no hay nada que los agentes de 2026 teman más que las acusaciones de racismo».
La policía no falló por error, alega, sino por una cultura institucional perversa: «Henry murió de DEI», siglas en inglés de Diversidad, Equidad e Inclusión. Los agentes, sostiene, estaban «programados» para dar prioridad al relato de Digwa porque tenía la piel morena, era sij y había denunciado una agresión racial. Nowak, en cambio, era blanco, estaba herido y acabó esposado.
En cualquier caso, si el error último fue policial, la culpa tiene muchos responsables. Pearson acusa a «sucesivos Gobiernos», al Colegio de Policía, a los medios de izquierda y a «todas las agencias lavadas de cerebro del Estado británico» de haber impuesto una cultura que «adoctrinó a los agentes para mostrar prejuicio contra los blancos».
En declaraciones a la BBC, la ministra de Policía, Sarah Jones, admitió que el compromiso antirracista de la policía puede transmitir «una impresión equivocada» y confirmó que los jefes policiales revisarán los protocolos. Aunque volvió a recordar que hay «una larga historia de racismo en la policía» que debe ser reconocida.
La derecha contra la derecha
The Guardian sitúa el caso en una batalla cultural que no solo enfrenta a izquierda y derecha. Mientras los progresistas se preguntan cómo frenar a Reform UK, que lidera todas las encuestas, el partido de Farage ha empezado a sentir presión desde un lugar inesperado: más a la derecha.
Ese lugar se llama Restore Britain. Lo fundó, en junio del año pasado, Rupert Lowe, antiguo diputado de Reform, tras una salida amarga del partido. Este febrero se convirtió en partido nacional. La formación defiende las deportaciones masivas –o la «remigración», en la jerga habitual– y considera que Reform UK no es suficientemente duro con la inmigración.
Lowe presume de que Restore ha superado en unos meses los 130.000 afiliados. La cifra no puede confirmarse, advierte el diario progresista, pero es indudable que el partido ha crecido deprisa. Si el dato fuera correcto, tendría una militancia comparable a la de los conservadores y sería «nueve veces mayor que el fascista British National Party y siete veces mayor que el partido supremacista National Front en la cima de su influencia».
Pero Restore Britain ganó los nueve escaños que disputó en Norfolk en las elecciones locales de mayo, y un sondeo en la elección parcial de Makerfield –cerca de Manchester– lo sitúa tercero en liza, con un 7% de intención de voto, por detrás de Labour y Reform.
El partido se ha granjeado además un importante apoyo internacional: el de Elon Musk, que ha escrito en su plataforma X: «Solo Restore Britain puede salvar Reino Unido». «Musk ha decidido que intentará dividir la derecha de la política británica tanto como pueda», ha respondido Farage.
Así, de un extremo al otro del arco político y en una derecha británica cada vez más fracturada, la muerte de Henry Nowak puede convertirse en «otra de las chispas que enciendan la mecha de la guerra civil que muchos tememos que se acerca», advierte The Telegraph.