Rusia necesitaba un Mundial. La halterofilia también
Con su futuro olímpico en duda, el levantamiento de pesas ofrece a Moscú su primer gran torneo desde la invasión de Ucrania

La halterofilia necesita aliados para asegurar su futuro en los Juegos Olímpicos. Rusia, por su parte, busca recuperar su lugar en el deporte internacional. Y ambas parecen haber encontrado la manera de ayudarse. El domingo pasado, la Federación Internacional de Halterofilia (IWF) anunció que Moscú acogerá el Mundial de 2030. Se trata del primer campeonato mundial de un deporte olímpico que se concede a Rusia desde la invasión de Ucrania, destaca Inside the Games.
La IWF no ha explicado los motivos de su elección. Su secretario general, José Quiñones, se limitó a señalar que todas las candidaturas eran «excelentes». Pero detrás de la decisión hay intereses que van más allá del deporte: la federación necesita apoyos para garantizar su continuidad olímpica y Rusia quiere volver a organizar grandes competiciones internacionales, explica el medio especializado en el movimiento olímpico.
Un deporte que pierde fuerza
La halterofilia es uno de los deportes «con el futuro olímpico más comprometido», explica el diario italiano Il Post. A los problemas de su federación se suma su escasa capacidad para atraer al gran público. Levantar pesas «no es un deporte que alimente los sueños de los niños, sino al que se llega después de haber practicado otros», explica el periodista Matteo Serra en su pódcast Linee – Dentro lo Sport. Por si fuera poco, «no es un deporte popular que recompense bien a sus atletas», añade el entrenador Mark Rippetoe.
La falta de público tiene consecuencias económicas. El Comité Olímpico Internacional (COI) obtiene la mayor parte de sus ingresos de los derechos televisivos y los patrocinios. Una parte de ese dinero se distribuye entre las federaciones internacionales en función de la audiencia de cada disciplina. Por eso, «la halterofilia recibe menos fondos que el atletismo, la gimnasia o la natación», subraya Play the Game.
A estos problemas se añade un largo historial de corrupción y dopaje. En 2020, una investigación de la televisión alemana ARD destapó graves irregularidades en la IWF. Poco después dimitió su presidente, que llevaba dos décadas en el cargo. Una investigación independiente reveló posteriormente «fallos sistemáticos de gobernanza y corrupción al más alto nivel». La federación había ocultado decenas de positivos por dopaje, algunos de deportistas que después ganaron medallas olímpicas.
El COI calificó las conclusiones del informe de «profundamente preocupantes» y condicionó la continuidad olímpica de la halterofilia a una reforma de su sistema de gobierno y de su política antidopaje. Mientras tanto, redujo las plazas de este deporte en París 2024 y, en diciembre de 2021, lo excluyó del programa inicial de Los Ángeles 2028.
La halterofilia consiguió regresar al programa olímpico en octubre de 2023, pero su presencia en Brisbane 2032 sigue sin confirmarse. De ahí que la federación busque en India, donde se celebrará el Mundial de 2029, y en Rusia «amigos musculosos» que la ayuden a conservar su lugar en los Juegos, apunta el medio estadounidense The Athletic.
Rusia vuelve a levantar pesas
Tras la invasión de Ucrania en 2022, el COI recomendó excluir a los deportistas rusos de las competiciones internacionales. En mayo de 2023, la IWF permitió su regreso bajo bandera neutral, pero la Federación Rusa de Halterofilia rechazó las condiciones.
Rusia arrastraba, además, su propio historial de dopaje. En 2016, la Agencia Mundial Antidopaje publicó una investigación que reveló cómo el Estado ruso había encubierto casos de dopaje en más de 30 deportes. La primera parte del informe se centró en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014, organizados por la propia Rusia.
Con su progresivo regreso a las competiciones internacionales, vuelve una potencia histórica de la disciplina: la heredera de la Unión Soviética, que dominó el medallero olímpico de halterofilia entre 1952 y 1988.
El largo camino de regreso
La rehabilitación deportiva de Rusia, sin embargo, está lejos de completarse. El COI mantiene su decisión de no organizar competiciones bajo su responsabilidad en el país y todavía debe determinar si los deportistas rusos podrán volver a competir con su bandera y su himno. La cuestión «no es que Rusia haya vuelto a la escena, sino que su renacimiento tiene aún un largo camino por recorrer», escribe The Athletic.
«Hablar de halterofilia es como contemplar un cuadro de un pintor flamenco del siglo XVII», dice Matteo Serra. Son obras «en las que cada matiz está cuidado hasta el último detalle». Y es que, añade, se trata de «un deporte que se basa en el contraste entre luces y sombras». También en su vertiente política.