El libre comercio no puede traer la paz
El autor desmonta uno de los dogmas del liberalismo y defiende que es la paz la que hace posible el comercio, y no a la inversa

En sus memorias de 1948, Cordell Hull escribió que durante los 12 años en que se desempeñó como secretario de Estado del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt tuvo como guía la idea de que «el comercio sin trabas encajaba perfectamente con la paz». Creía que las barreras arancelarias y los frentes de batalla surgían juntos; si se derribaban las primeras, caían los segundos.
La convicción de Hull de que el comercio fomenta la paz reflejaba una tradición liberal venerable que se remontaba al filósofo alemán del siglo XVIII Immanuel Kant y al político británico del siglo XIX Richard Cobden. En su libro de 1795 La paz perpetua, Kant sostenía que las repúblicas unidas por el comercio y la ley renunciarían naturalmente a la guerra, mientras que Cobden, un evangelista del libre comercio, pensaba que la interdependencia económica hacía que los conflictos armados fueran materialmente ruinosos y, por ende, irracionales. El presidente estadounidense Woodrow Wilson, que había dado conferencias sobre Kant como profesor de la Universidad de Princeton, trasladó esta noción idealista al siglo XX.
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