La venganza de los filósofos

La venganza de los filósofos

Antes «inempleables», hoy los expertos en ética y lógica son codiciados por los gigantes de la IA para entrenar sus modelos

The New York Times, Estados Unidos
Benjamin Wallace

Durante su infancia en Georgia, Robert Long no dejaba de darle vueltas a las grandes preguntas y al sentido de la vida. Antes de cumplir los diez años ya dudaba incluso de la existencia de su propio libre albedrío. Sin embargo, no fue hasta la universidad, donde se especializó en ciencias sociales, cuando descubrió que podía dedicarse a pensar en la conciencia a tiempo completo. Allí leyó Yo soy un extraño bucle, de Douglas Hofstadter, un libro que exploraba enigmas como la naturaleza del «yo». «Ni siquiera sabía que esas preguntas se podían formular», recuerda. «Y mucho menos que existieran disciplinas filosóficas dedicadas a ellas».

Cuando Long ingresó en la escuela de posgrado de la Universidad de Nueva York (NYU) para estudiar filosofía de la mente, lo hizo con una ambición de lo más convencional. «Iba directo por el camino académico: publicar en revistas, salir al mercado laboral universitario y conseguir una plaza en alguna facultad», explica. Cuando una compañera del doctorado le contó que se marchaba a una oscura organización sin ánimo de lucro llamada OpenAI para trabajar en políticas de inteligencia artificial, su reacción fue de incredulidad: «Pensé: “Qué cosa más extraña”». Sin embargo, sus propios intereses filosóficos también acabaron orientándose hacia la IA. Su tesis doctoral llevaba por título Ensayos sobre la filosofía del aprendizaje automático. A principios de 2023, justo cuando el fenómeno de ChatGPT estallaba en todo el mundo, se trasladó a San Francisco para realizar una investigación posdoctoral.

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