¿Una de caimán al ajillo?
Puerto Rico quiere frenar la expansión del caimán invasor. La solución propuesta: comérselos

Hasta hace poco, José “Gongo” Morales –pescador y cazador conocido en redes como Gongo Fishing PR– consideraba una buena noche volver a casa con cinco o seis caimanes capturados en los humedales de Vega Baja, en la costa norte de Puerto Rico. Alguna vez llegaba a siete u ocho. Ahora las cifras son muy distintas. «En la última salida capturamos 16», cuenta.
La anécdota refleja un problema que preocupa a las autoridades. «La población de caimanes no deja de crecer», alerta el diario puertorriqueño Primera Hora. El Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) reconoce que existe una «abundante población», especialmente en una treintena de ríos, lagunas y embalses repartidos por la isla.
El motivo de esta expansión es sencillo: el caimán apenas tiene depredadores naturales en Puerto Rico. Introducido hace décadas, el reptil ha encontrado un ecosistema donde puede reproducirse sin demasiados obstáculos.
Aunque los encuentros con personas son relativamente frecuentes, los ataques siguen siendo raros. Los especialistas recuerdan que el animal suele evitar el contacto con los humanos, aunque puede reaccionar con agresividad si una hembra está protegiendo su nido. Los perros, en cambio, sí corren un riesgo considerable, advierte este medio boricua.
Por eso, el DRNA insiste en que los ciudadanos no intenten capturarlos por su cuenta. El reglamento permite eliminar ejemplares porque se consideran una especie invasora, pero la recomendación oficial sigue siendo avisar al departamento, que mantiene un servicio de atención permanente para este tipo de incidentes.
Del pantano al plato
La pregunta es qué hacer con todos esos animales. Para Gongo la respuesta es fácil: «comérselos». La idea no resulta tan extravagante como parece: la carne de caimán se consume desde hace décadas en varios estados del sur de Estados Unidos y forma parte habitual de la gastronomía de lugares como Luisiana.
En Puerto Rico, sin embargo, el consumo sigue siendo casi anecdótico. Gongo intenta cambiar esa percepción repartiendo gratuitamente parte de sus capturas entre familiares, vecinos y curiosos. «Yo como caimán y también regalo la carne a quien la quiera probar», explica. Solo dos de los ejemplares capturados recientemente, calcula, proporcionan unos 90 kilos de carne.
Ha preparado caimán «en fricasé, encebollado, al ajillo y en nuggets». Su valoración es contundente: «Le doy diez de diez». El mayor obstáculo, dice, es psicológico. Muchas personas rechazan la idea antes incluso de probarla. «Yo lo cocino en casa, digo que es pollo y todos se lo comen encantados. Luego les digo que era caimán y ponen cara de asco. Pero si hace un momento estaban repitiendo», exclama.
El problema no es solo convencer a los comensales, sino cumplir la legislación sanitaria. El Departamento de Salud aclara que consumir carne de caimán para uso personal no está prohibido, aunque quien lo haga asume el riesgo de tratarse de un animal salvaje. Otra cosa muy distinta es comercializarla.
Para vender carne destinada al consumo público es necesario cumplir la normativa alimentaria federal de Estados Unidos, adoptada también por Puerto Rico. Eso implica controles veterinarios, protocolos de sacrificio, instalaciones autorizadas, inspecciones sanitarias y sistemas de trazabilidad.
«No es que capturen un caimán en el pantano y lo pongan directamente a la venta», resume una responsable sanitaria consultada por Primera Hora. En lugares donde esta carne ya forma parte del mercado existen controles estrictos desde la captura hasta el etiquetado final. Y por ahora, los cazadores particulares no disponen de esa autorización.
Un negocio en ciernes
Las autoridades, sin embargo, empiezan a contemplar esa posibilidad. El DRNA trabaja con veterinarios y empresas especializadas para desarrollar un sistema que permita aprovechar los animales capturados sin poner en riesgo la salud pública. El plan más avanzado consiste en colaborar con una compañía de Florida dedicada al procesamiento y exportación de carne y piel de caimán.
Si el proyecto sale adelante, los ejemplares capturados en Puerto Rico dejarían de convertirse simplemente en residuos para entrar en una cadena comercial ya consolidada en otros lugares. No sería el primer caso, subraya Primera Hora, que recuerda cómo en distintas partes del mundo, se ha intentado frenar la expansión de peces león, jabalíes, cangrejos azules o pitones promoviendo su consumo. El caimán puertorriqueño sería simplemente el siguiente en llegar al plato.