El mundo se desmorona. ¿Y yo qué puedo hacer?
Desbordados por las crisis, cada vez más ciudadanos sienten que no pueden cambiar nada: la impotencia es el mal de nuestro tiempo

Si hay un sentimiento que une a simpatizantes y detractores del partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD), probablemente sea la impotencia. Unos se sienten abandonados por la política tradicional y votan a la extrema derecha. Otros creen estar librando una batalla inútil contra el ascenso aparentemente imparable del populismo de derechas. Es el caso de Leonie, de 19 años, que hace unas semanas participó en una manifestación contra la extrema derecha en Magdeburgo y luego confesó a un periodista de Die Zeit: «No sé si esto sirve de algo o cambia las cosas».
¿De qué sirve todo esto? La pregunta se ha convertido en el lema de una sociedad sumida en la incertidumbre. Y no solo en Alemania. En muchos países, la sensación de que nada de lo que hacemos puede cambiar las cosas se extiende cada vez más. Las dudas sobre la utilidad de nuestras acciones no afectan únicamente a los ciudadanos de a pie: también alcanzan las altas esferas del poder, desde los directivos de grandes empresas hasta los altos funcionarios y dirigentes políticos. «Hago lo que puedo. Pero, en realidad, apenas consigo cambiar nada».
¿Quieres seguir leyendo?