En Brasil, «un vuelco electoral inédito»

Ni las encuestas ni la primera vuelta anticipaban la victoria de Lula, que tendrá que gobernar con un Congreso «francamente hostil»

En Brasil, «un vuelco electoral inédito»
Ilustración de Thiago Lucas
Página Internacional

La tarde del 24 de octubre, Luiz Inácio Lula da Silva se subió a una camioneta adaptada como tribuna electoral para recorrer la avenida Paulista de São Paulo. Era el último acto de campaña del brasileño que había perdido tres elecciones antes de ganar otras cuatro, relata Piauí. Mientras el vehículo doblaba una esquina, uno de los integrantes de la campaña confesó a la periodista: «El Lula que entra en esta avenida, llevado en volandas por el pueblo, no sabe si se dirige hacia un réquiem o hacia un nuevo comienzo».

«Entre bastidores, la tensión era máxima. Con cada actualización, los sondeos internos del partido mostraban la evolución de un gráfico angustioso», explica la revista. Desde hacía días, Lula subía en intención de voto, mientras Flávio Bolsonaro retrocedía. Pero las curvas todavía no se habían cruzado. «Todo apuntaba a que la remontada había llegado demasiado tarde para lograr su reelección».

Y, sin embargo, llegó la sorpresa. Lula fue reelegido el domingo con el 51,8% de los votos, frente al 48,2% de su rival, Flávio Bolsonaro. Para O Globo, la clave de la victoria fue geográfica: una «alianza electoral» entre el Nordeste y los grandes centros urbanos. Lula se impuso en los nueve estados del Nordeste, pese a que el deterioro de la seguridad hacía temer una elevada abstención en este feudo histórico del Partido de los Trabajadores (PT). También ganó en 13 de las 27 capitales del país, frente a las 14 que se llevó Bolsonaro, destaca Jornal Razão.

Bolsonaro no reconoce su derrota

Flávio anunció la misma noche electoral que impugnaría los resultados. «Estas elecciones deberían haber sido anuladas, dadas las condiciones en las que se celebraron», declaró. Para el semanario CartaCapital, su negativa a reconocer la derrota recuerda al «golpismo» de su padre, Jair Bolsonaro, condenado por intentar mantenerse en el poder tras las elecciones de 2022.

El principal argumento de la derecha para cuestionar el resultado es la decisión de un ministro del Supremo Tribunal Federal de ampliar el horario de votación de las 17.00 a las 19.00 en todo el país, ante los graves problemas de transporte público registrados en varios estados. Flávio sostiene que esa prórroga «vulneró el principio de igualdad entre los electores».

En cualquier caso, la victoria de Lula tiene importantes limitaciones. «El Congreso elegido a comienzos de octubre será francamente hostil al presidente, que ya puede darse por satisfecho si consigue terminar su mandato», advierte Estadão. El periódico recuerda, además, que una parte sustancial de quienes votaron por Lula «no lo hicieron porque lo considerasen un buen presidente, sino por su rechazo a los Bolsonaro».

A ello se suma el desafío económico. Muchas de sus promesas electorales, como financiar el transporte público gratuito los fines de semana, ampliar las becas universitarias o condonar las deudas de los microempresarios, chocan de frente con la urgencia de sanear las cuentas públicas. En agosto, la deuda pública alcanzó el 83% del PIB –su nivel más alto en cinco años– y los tipos de interés se situaban en el 13,8% anual, «un nivel prohibitivo para el crecimiento económico». Esta vez, Lula «no tendrá un antecesor al que culpar, como hace siempre. El derrochador es él», sentencia el diario paulista en un duro editorial.

¿Quién vendrá después de Lula?

También preocupa el futuro del Partido de los Trabajadores. Lula, el presidente de mayor edad de la historia de Brasil, terminará su mandato con 85 años. Algunas figuras históricas del PT, como José Dirceu, Benedita da Silva y Gleisi Hoffmann, perdieron sus respectivas elecciones el domingo. El partido tendrá que empezar a buscar un sucesor para 2030, y algunos aliados de Lula sugieren incluso que el candidato podría proceder de fuera de sus filas, señala Folha de S.Paulo.

«Es fundamental empezar desde ya a construir, en un plazo muy breve, una candidatura progresista con posibilidades de ganar en 2030. En este momento no existe ninguna», advierte la periodista Eliane Brum en Sumaúma. «Y esto es un error estratégico muy grave, porque lleva tiempo construir un líder político con proyección nacional».

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