La nueva guerra de Etiopía amenaza con ser peor que la anterior

Casi cuatro años después de una contienda que dejó cientos de miles de muertos, el conflicto regresa ahora con los bandos cambiados

La nueva guerra de Etiopía amenaza con ser peor que la anterior
Entrenamiento de milicianos amhara en las afueras de Bahir Dar, Etiopía. Foto: Eduardo Soteras | AFP
Página Internacional

En el segundo país más poblado de África, un devastador conflicto llevaba casi cuatro años en barbecho. Ahora, apenas cinco días después de que Estados Unidos levantara el embargo de armas que pesaba sobre Etiopía desde 2021, los combates han estallado de nuevo en Tigray, en el norte del país. Pero, pese al déjà vu, de prolongarse, esta nueva guerra podría ser «radicalmente distinta» de la anterior, juzga The Economist. Y no en el buen sentido.

La principal diferencia respecto a la que asoló la región entre 2020 y 2022 está en la nueva composición de los bandos: algunos de los antiguos aliados del Gobierno combaten ahora contra él. El 20 de septiembre, el Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF), que gobierna la región, anunció una alianza con otros seis grupos armados y políticos para derrocar al primer ministro etíope, Abiy Ahmed, recoge The East African Daily.

Entre los nuevos aliados del TPLF están las milicias amhara, que en la guerra anterior combatieron contra las fuerzas tigrinas. Los rebeldes contarían también –según Addis Abeba– con el apoyo de la vecina Eritrea, entonces aliada del Gobierno etíope. «Nuestros intereses no son los mismos, pero al menos tenemos algo central que nos une», reconocía días antes el líder del TPLF en una entrevista con el Addis Standard.

Los combates se han extendido rápidamente a las regiones vecinas de Afar y Amhara, y Tigray ha quedado prácticamente aislada. No hay internet ni telefonía móvil –un corte que, según Reuters, habría ordenado el propio TPLF–, las carreteras hacia el resto del país están cerradas y escasean los productos básicos.

La carretera hacia Addis Abeba

El frente avanza además hacia el sur. Según The Economist, el TPLF y las milicias Fano de Amhara «parecen intentar cercar Weldiya», situada en la principal carretera hacia Addis Abeba. «Si Weldiya cayera, podría ser el preludio de una ofensiva rebelde contra la capital etíope». Los rebeldes amenazan también con cortar la ruta hacia el puerto de Yibuti, del que Etiopía depende para casi todo su comercio exterior.

La nueva ofensiva es una dolorosa secuela de la guerra que estalló en noviembre de 2020 entre el TPLF y el ejército federal, apoyado entonces por Eritrea y las fuerzas amharas. Aquella contienda dejó hasta 600.000 muertos por los combates, la hambruna y el colapso de la sanidad, según la Unión Africana. Dos años después, el Acuerdo de Pretoria puso fin a las hostilidades, pero dejó cuestiones fundamentales sin resolver, entre ellas el desarme de las fuerzas tigrinas.

De confirmarse el cambio de bando de Eritrea, sería el vuelco más peligroso de todos. En la guerra anterior, el país combatió junto al Gobierno etíope contra el TPLF. Pero el presidente eritreo, Isaias Afwerki, se sintió traicionado por la paz de Pretoria, explica The Economist. Y desde entonces otra disputa ha agravado la ruptura: el acceso de Etiopía al mar Rojo.

Etiopía se quedó sin costa con la independencia de Eritrea en 1993 y Abiy ha insistido en la necesidad de recuperar una salida al mar. Según Reuters, Addis Abeba considera vital el acceso al puerto eritreo de Assab, mientras que Eritrea teme que su vecino intente tomarlo por la fuerza.

Una guerra que puede saltar las fronteras

El otro riesgo es que la guerra no se quede dentro de Etiopía. En el vecino Sudán, donde el ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido combaten desde 2023, Etiopía y Eritrea respaldan a bandos opuestos. Esas lealtades cruzadas amenazan con extender el conflicto por un Cuerno de África ya sacudido por varias guerras.

Alan Boswell, director para el Cuerno de África del International Crisis Group, lo resume en Al Jazeera: «Todo esto se está convirtiendo en un gran embrollo regional, y podría ponerse muy, muy feo si no hay desescalada».

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