La última fantasía de los Bolsonaro
Derrotado por Lula, Flávio ha huido a Miami y se ha proclamado presidente de Brasil. Pero ni sus propios aliados le siguen el juego

Tan rocambolesca fue la huida de Flávio Bolsonaro, después de que un juez le ordenara entregar sus pasaportes en el marco de una investigación por presunto blanqueo de capitales y evasión de divisas, que la revista Piauí tituló su crónica de la fuga «La maleta». Un título que resumía todo el equipaje judicial que el senador arrastraba desde mucho antes de perder las elecciones.
Sobre él pesan dos investigaciones abiertas en el Supremo Tribunal Federal: una por los 24 millones de dólares que un banquero le habría transferido, supuestamente para financiar una película sobre su padre, y otra por presunto blanqueo de dinero. A ellas se suman episodios más antiguos, como el escándalo de los «funcionarios fantasma» de 2020, que nunca llegó a esclarecerse del todo. Hasta ahora, su condición de senador le garantizaba un fuero especial. Pero su mandato terminaba en febrero de 2027 y, tras perder las elecciones presidenciales, tampoco podía aspirar a la inmunidad asociada a la jefatura del Estado.
Una fuga de película
El lunes, horas después de que el juez del Supremo Alexandre de Moraes le diera 24 horas para entregar sus pasaportes y le prohibiera salir del país, Flávio publicó un vídeo negándolo todo. «Nunca pensé en salir del país», aseguró. Al día siguiente, la Policía Federal canceló todos sus documentos de viaje, incluido el pasaporte diplomático. Pero para entonces, ya se había perdido su rastro.
Según reconstruye Folha de Sao Paulo, Bolsonaro viajó por tierra hasta Puerto Iguazú, en la frontera argentina, y desde allí tomó un avión privado rumbo a Guayaquil, en Ecuador, siguiendo una ruta diseñada para evitar el espacio aéreo brasileño. El miércoles por la mañana aterrizó en Miami, en el aeropuerto ejecutivo de Opa-Locka. Para viajar utilizó su pasaporte italiano –posee esa nacionalidad desde 2023–, aunque nunca llegó a entregar el brasileño. Según la Policía Federal, citada por el diario brasileño, técnicamente no puede considerársele un «fugitivo», puesto que no existe ninguna orden de detención en su contra.
La carta de Narnia
Ya en Estados Unidos, Flávio difundió una carta en la que se proclamaba «el verdadero presidente electo de Brasil» y denunciaba un fraude que, según él, le había arrebatado unas elecciones que en realidad perdió por 4,4 millones de votos frente a Lula. Minutos después, borró la palabra «electo» y se quedó con «líder de Brasil», aunque mantuvo la acusación de fraude y prometió ejercer «la voz y el liderazgo libre de nuestra nación» desde la distancia. El columnista Diogo Schelp, exeditor de la revista Veja, resume el episodio en el diario Estadão: Flávio «produjo su propia crónica de Narnia»: una realidad paralela en la que «ni siquiera sus aliados más cercanos creen».
Efectivamente, la reacción más dura a la carta no ha venido de la izquierda, sino de los propios aliados de Bolsonaro. Su compañero de candidatura, Alfredo Gaspar, ha reconocido el resultado electoral. También lo han hecho el presidente de su partido, Valdemar Costa Neto; el gobernador reelegido de São Paulo, Tarcísio de Freitas, que pidió «respetar el resultado de las urnas y seguir adelante»; y el propio coordinador de su campaña en el Senado, Rogério Marinho, que admitió que ni él ni el partido podían sostener que hubiera habido fraude.
Por su parte, el presidente del Tribunal Superior Electoral aseguró que la jornada electoral había transcurrido con «absoluta normalidad». El Partido Liberal, de hecho, terminó renunciando a presentar la demanda de nulidad que Flávio había prometido. Como señala Schelp, el discurso del excandidato no solo lo aísla a él: «también perjudica a los 19 senadores y 121 diputados que su partido tendrá en el Congreso, cuya legitimidad depende de las mismas reglas electorales que Bolsonaro pone en cuestión».
Tres presidentes conservadores
La fuga no habría sido posible sin ayuda externa. Como recuerda el Miami Herald, los tres países por los que pasó la ruta de escape –Argentina, Ecuador y Estados Unidos– están gobernados por presidentes conservadores, ideológicamente próximos a Bolsonaro. En su carta, el senador agradeció expresamente a Javier Milei y a Donald Trump, aunque no mencionó al ecuatoriano Daniel Noboa, cuyo país solo sirvió de escala.
El Departamento de Estado estadounidense confirmó que concedería visados a la familia, aunque no un asilo político formal. Trump, preguntado por los periodistas, evitó comprometerse demasiado: «No voy a comentar sobre esto, pero sé que le dimos autorización para entrar al país (…) Fue una elección muy extraña, sin duda». Es la misma cautela pragmática que, destaca Schelp, Trump ya mostró con la oposición venezolana, «a la que abandonó a su suerte en cuanto dejó de serle útil».
El propio Jair Bolsonaro, padre de Flávio, cumple condena por intentar un golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022. Cuatro años después, su hijo ha elegido una salida distinta: en lugar de quedarse en Brasilia a desafiar al sistema, «ha preferido gobernar un país imaginario desde Florida». Y esta vez, remata el editor y periodista, «Trump no es el mago que va a ayudarlo a convertir la fantasía en realidad».