¿Qué hace un MAGA en la Acrópolis?
Marco Rubio se mira en el espejo de la antigua Atenas, pero pasa por alto que la ambición imperial selló su caída, apunta Tsoukalis

Durante una reciente visita a Atenas, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ensalzó la antigua Grecia como cuna de la civilización occidental y fuente de inspiración para Estados Unidos, al que presentó como su heredero y líder. Desde la Pnix, una colina al oeste de la Acrópolis donde nació la democracia ateniense, Rubio intentó vincular las raíces ideológicas de MAGA con la antigua Atenas, el cristianismo, la era de los grandes descubrimientos y las conquistas imperiales. Fue un discurso audaz y elocuente, pero también construido sobre una división tajante entre «nosotros» y «ellos»: Occidente frente al resto del mundo.
Según Rubio, entre los valores que hicieron de Occidente una civilización poderosa y dominante figuran «un individualismo feroz y una ambición incansable», «la audacia para explorar e inventar» y una «curiosidad insaciable por el mundo y los principios que rigen su funcionamiento». Todo eso está muy bien, pero en su discurso no hubo ni una palabra sobre la cooperación, la solidaridad o el bien común. De hecho, tanto Rubio como el movimiento MAGA parecen concebir las relaciones humanas como una lucha permanente en la que se impone el más fuerte y los demás quedan por el camino.
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