Una crisis migratoria con trasfondo político

La entrada masiva de migrantes reaviva el temor a que el reino alauita utilice la frontera como instrumento de presión diplomática

Una crisis migratoria con trasfondo político
Decenas de migrantes cruzan a nado la valla fronteriza entre Marruecos y Ceuta, el 31 de julio de 2026. Foto: Jorge Guerrero | AFP
Página Internacional

«Durante la noche del jueves, miles de jóvenes avanzaban hacia Ceuta desde Fnideq, la localidad marroquí situada junto al enclave español. Algunos llegaban en coches; otros recorrían a pie carreteras secundarias para esquivar los controles policiales antes de lanzarse al mar», relata la revista Jeune Afrique. En pocas horas, la frontera quedó desbordada.

Al menos 34 personas han muerto y hasta 60.000 migrantes han entrado en Ceuta en menos de cuarenta y ocho horas, un flujo equivalente a casi el 70% de la población del enclave. Nunca antes la ciudad autónoma había afrontado una presión semejante. Para The Wall Street Journal, las escenas de caos representan un «dolor de cabeza político» para el presidente español.

Se trata de «un golpe directo al Gobierno de Pedro Sánchez», coincide The New York Times, que recuerda que el presidente español había convertido a España en el ejemplo de una política distinta a la del resto de Occidente: un país capaz de demostrar que «Occidente necesita inmigrantes» y de combinar fronteras seguras con una actitud más abierta hacia la inmigración. La crisis de Ceuta pone precisamente en cuestión esa narrativa.

Para Associated Press, la crisis ha dejado al descubierto la «fragilidad de la frontera sur europea» y la dependencia de la cooperación marroquí para mantenerla bajo control. Esa cooperación es precisamente la que está ahora bajo escrutinio. Lo ocurrido recuerda inevitablemente a la crisis de mayo de 2021, cuando Marruecos relajó los controles fronterizos tras la hospitalización en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.

En aquel entonces, funcionarios españoles reconocieron que Rabat trataba a los migrantes «como una moneda de cambio para obtener concesiones políticas y financieras», recuerda The New York Times. Apenas unas horas después de aquella entrada masiva, el Gobierno español aprobó un paquete extraordinario de ayuda de 30 millones de euros para Marruecos.

Esta vez, se da la circunstancia de que, apenas unos días antes de la crisis, Pedro Sánchez visitó Argelia por primera vez en cuatro años. Allí habló del inicio de «una nueva era de asociación estratégica» y calificó al país norteafricano de «socio estratégico y amigo». En plena rivalidad entre Argel y Rabat, ese acercamiento habría sido recibido con incomodidad en Marruecos, apunta el diario neoyorquino.

Dos relatos enfrentados

Para el diario argelino El Watan, Marruecos está aplicando una auténtica «estrategia de tensión». El periódico sostiene que Rabat pretende «asfixiar Ceuta» permitiendo una «sumersión migratoria» semejante a la de 2021. Según esta interpretación, la presión migratoria constituye un instrumento más dentro de la rivalidad regional entre ambos países, enfrentados desde hace décadas por el Sáhara Occidental.

La prensa marroquí, en cambio, ofrece una explicación completamente distinta. Según Le360, el origen de la crisis se encuentra en una sentencia del Tribunal Supremo español del pasado 8 de julio, que obliga a tramitar individualmente las devoluciones de quienes llegan por mar. Esa decisión habría alimentado el rumor de que quienes lograran alcanzar Ceuta podrían permanecer en territorio español. Tras difundirse la noticia por las redes sociales, miles de jóvenes se concentraron en Fnideq convencidos de que la oportunidad era «irrepetible».

Sin embargo, el análisis del digital marroquí va mucho más allá de la cuestión migratoria. El periódico vuelve a cuestionar la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, calificadas como «ciudades ocupadas», y sostiene que ambas constituyen una anomalía histórica cuya devolución a Marruecos no sería una cuestión de posibilidad, sino de tiempo.

Un asunto europeo

Aunque la crisis ha estallado en una ciudad española de apenas 85.000 habitantes, sus consecuencias han cruzado rápidamente las fronteras nacionales. Elon Musk ha calificado la llegada masiva de migrantes de «invasión». La líder del partido ultraderechista alemán AfD, Alice Weidel, aseguró erróneamente que todos los migrantes podrían desplazarse libremente hacia Alemania. El propio The Wall Street Journal recuerda que eso es falso: Ceuta y Melilla mantienen un régimen fronterizo especial y acceder a ellas no permite circular automáticamente por el espacio Schengen.

La reacción más contundente ha llegado desde Italia. Giorgia Meloni afirmó que las imágenes demostraban que «la inmigración clandestina fuera de control constituye una amenaza concreta para la seguridad de las fronteras europeas» y aseguró que Roma estaba dispuesta a estudiar incluso medidas extraordinarias, incluida la suspensión de Schengen con España, recoge L’Espresso. El ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, ha respondido calificando esas declaraciones de «demagógicas» e impropias de un país aliado.

Sea cual sea el detonante de la crisis, la mayoría de los medios internacionales coincide en una idea: Ceuta ha dejado de ser un asunto exclusivamente español. Como resume Reuters, el enclave vuelve a demostrar por qué sigue siendo «uno de los puntos más sensibles de la frontera terrestre entre África y la Unión Europea».

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